En mi mente los recuerdos se graban por enlace.
Lo hacen todos a la vez, como si algún secreto acuerdo hubiera entre ellos.
Apenas ayer les miré con la alegría que su visita saca en el sentimiento, y hoy que salí a encontrarme con el sol los vi estrenando una sonrisa leve como una insinuación de agrado. Tendrán unos días para mí el valor de un remanso de aguas frescas en mis tardes calurosas, y serán un gozoso pacto de instantes.
Iré entre los momentos vividos, y ellas me reconocerán igual que reconozco yo a cada una de ellas.
Sola, sin testigos falsos, les hablo en voz bajita a mis días idos.
Los saludo con el saludo que se da a la amiga que regresa.
Y soy tan poca cosa, tan poquita, que no las abrazo una a una porque me da vergüenza.
Si alguna vez alcanzo plenitud de humanidad abrazaré a estas amigas queridas, y a ellas me abrazaré por ver si algo se pasa a mí de su bondad.
Andrea Guadalupe.
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