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El Maestro Pusilánime. Conversación 19: Pleonasmo Hace ya varios días que nada se sabe del maestro. La alumna lo ha estado buscando en los lugares comunes: el parque del árbol de caucho, la calle del Faenza, la plaza del derrotado, la avenida real del comercio, el parque de la torre del reloj, la zona cosmopolita, el infierno y otros lugares donde se han dado cita para compartir unos instantes de sabiduría y delirio. Ella se ha sentido sola en estas semanas donde su vida ha trascurrido más normal de lo que ella misma tolera. Asistir a clases, saludar a su madre de beso en la mejilla, llegar antes de las once sobria, ir a centros comerciales a observar los inalcanzables maniquís, comer helado sentada en una esquina transitada por estudiantes y ejecutivos de baja calaña. La última vez que se había comportado de tan excéntrica manera, se le abalanzó a tres niñas plásticas a resaltarles lo ridículas que se veían tratando de imitar una moda que siempre iba a estar lejos de ellas y que sus vanos intentos las hacía verse patéticamente insulsas; le pateó durante tres cuadras el maletín a un ejecutivo de quién sabe qué compañía importante pues el sujeto le recordaba que si la alcanzaba la iba a demandar por esta vida y la otra y que sus bisnietos la odiarían por ese acto tan infantil. Hoy le ha ganado la desidia. Una suave lluvia lava la ciudad y ella sigue sentada en el banco de piedra que da al lago del parque del derrotado. Poco importa que el maquillaje se le corra o que su gabán negro ajustado deje traslucir su cuerpo o que el pelo le caiga pegado a la cara y a los senos. Extraña al maestro. Necesita decirle muchas cosas que le han pasado en estos días. Necesita preguntarle tantas cosas sobre los bizarros comportamientos de la sociedad. Quiere desahogarse con furia de tanta amargura reprimida a través de los días "normales". Se cansó de marcarle la celular. Lo tiene apagado hace días. Por trato entre ambos, ella no sabe dónde vive él, y viceversa. Todo lo que necesita desahogar lo tiene escrito en un cuaderno, a manera de diario, con la excepción del "querido". Lavada como está, sube por las empinadas calles del centro hacia la biblioteca, para refugiarse un poco de la tempestad y de la ignorancia. Al pasar por los casilleros ve que el 3577 está desocupado. Antes de introducir el morral ve que dentro del casillero hay un sobre con una letra de niño atrofiado. Ella lo descubre instantáneamente: es del maestro. Con gran ansiedad abre la correspondencia y encuentra cuatro páginas mecanografiadas con esos caracteres tan particulares de una Remington. Falta un par de horas para que cierren, así que sube hasta el último piso, el de la cafetería, se pide un tinto sin azúcar y se sienta plácidamente a leer las hojas arrugadas. Vaya sorpresa la que se lleva. Es una historia. Tiene un título arcano, pero normal dentro de las bizarras ideas del maestro. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |