Lentamente se acercó hasta ella, con la delicadezca de siempre cogió su mano y la abrió, le puso algo suave y le cerró la palma sin que llegase a ver que era. Hecho esto, le miró a la cara y le dijo:
- Cuando lo entiendas, lo necesitarás.
Se giró y desapareció. Abrió la mano y vio que lo que le había dejado eran un pañuelo. Lo entendió todo y, efectivamente, lloró. |