Heme aqui a tus pies, postrado niña,
heme nuevamente sollozando,
cada vez me muero y voy sangrando,
herido de una rosa y una espina.
La dicha es conocerte y amarte,
la pena es adorarte y no tenerte
y siento que la mano de la muerte,
me oprime el corazon que quiero darte.
Saetas voladoras y letales
me lanzan tus pupilas encendidas,
tus ojos de otros mundos y otras vidas,
me matan con destellos celestiales.
Te quiero irrevocable y dulcemente,
te quiero como nadie te ha querido,
y sueño bajo el cielo oscurecido
que lo que siento yo, tu pecho siente.
Famelico de amor del pecho tuyo,
camino y mi horizonte se ensombrece,
mi vida se desploma y se oscurece.
Culpable es tu mortal y cruel orgullo. |