Me encanta verlos como se ofenden a si mismos pronunciando palabras necias, el saber que se mueren por un momento en mi cuerpo, en mi persona, me hace sentir mas lastima que coraje, sencillamente no me canso de aparentarme persuadido, de crearles sueños y alimentarlos, solo para derrumbárselos al final, sabiendo de antemano que no se cansaran de intentarlo una vez mas.
Humillarlos, ofenderlos, lastimarlos, despreciarlos y al final sonreírles y despedirme de mano amablemente, me da el poder que ustedes tanto buscan mientras me alaban de manera hipócrita.
Escoria, basura, un insignificante desperdicio que insulta al más miserable de los mendigos, esa seria su descripción en una plática calida y amable, buitres que se alimentas de la cría moribunda de la inocencia, ¿acaso no se cansan de que la carroña los desprecie, que les convide sus bondades solo en el mas vulnerable y deplorable de sus estados?
Gente como tu me quita el sueño, no por tu importancia sino por el daño que puedes causar en las personas, que a mi parecer merecen pan y vino al por mayor, pero que son corrompidas por falsas bondades y tu felicidad de papel.
Tu, ¡Oh cliente del mercado de las limosnas!, tu simple presencia me ofende, tus fétidas expresiones no me provocan menos que asco.
Te deseo la mejor de las suertes, pero si mueres…
Mejor
Por que tendría que llorar………………..?
Jaime Carcaño Hernández
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