No sé como ocurrió
creí que nunca sucedería;
pero llegó
Igual como aparece el miedo
el insomnio
el amanecer
el olvido
la lluvia,
llegó.
Tú no lo sabrás.
Allá, en la distancia
esa, que nunca encontré tan grande
que te retiene en la ausencia
te enmudece
convierte lo que siento
en un puñado de cenizas
y en una interrogante
¿es verdad?
¿soy yo?
Igual llegó...
Sin poder mirar tus ojos
en los que adivino
un desenfado de muchacho
que trata de derribar el bosque
con el que defiendo mi mirada.
Se introduce en ellos
llega hasta donde mi niñez
tiembla de noche,
porque le teme a la oscuridad.
Donde mi adolescencia
se quedó en mí,
y te llama.
Yo no
mi adolescencia
mi muchacha caprichosa
que quería ganar
la batalla del amor.
No he visto tus ojos
no he visto tus manos fuertes
¡no las pienso!
no las imagino recorriendo suavemente las mias.
No pienso en tu risa
ni te imagino
echado hacia atrás
riendo alegremente.
No conozco tu torso
no lo imagino largo,
cruzado por el movimiento
de esas aspas,
de tus brazos increíbles
envolviéndome como espirales.
No, no te imagino
de terno y corbata
molesto... con el cuello de la camisa.
No, no te pienso de jeans y polera
con todo el verano a tu alrededor,
parado al medio de la gente
saludándome risueño,
acercándote suavemente,
para acariciar mi cara con tus manos.
Porque en mí
en la mujer
has quedado inscrustado
al fondo de mi mente,
erguido
imponente
tomando el aire de un hombre
pintado por el Greco,
y ahí te repito cuánto te amo.
Porque a tí,
no te lo diré, no te lo diré, no te lo diré
déjame repetirlo... |