El sol de la mañana
se refleja en su rostro.
Yo, extasiado,
no puedo desprenderme
de sus ojos
que buscan un lugar
en el espacio.
Sé que es el mismo sol
que descarga la sed
en el desierto,
que se esconde
de los hielos en el polo,
que es testigo de la muerte,
de la guerra.
Sin embargo, en su rostro
es único el sol,
igual que la caricia
de sus labios en mis labios.
El sol de la mañana
pinta el cuadro perfecto
de su rostro.
No hablo, no me muevo,
no quiero estropearlo
con la prisa; sería
el mayor de los pecados.
BlasLeón. |