Tres pasos acompañados
por un piano abofeteado en Scherzo de Chopin,
las bestias están sueltas
los hombres se sientan a observar.
La alegoría de las rosas
hacen sangrar las heladas manos danzantes,
-las doncellas ya no rezan en el baile-
las bestias comen avena
los hombres salen de sus jaulas.
El piano desenfrenado
ahora suena en aparente calma,
todo ruje, todo danzas.
Las bestias y los hombres se ausentan del lugar,
ambas ideas ya no están.
Sentados en los rincones
todos oyen el final,
un piano en agonía
-de cola y ébano-
las bestias han regresado...
(Los hombres nunca volvieron)
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