INOCENCIA CANIBALIZADA
(Basado en hechos reales)
Sumamente nerviosa y alterada, Claudia tomó el teléfono y desde su cama, llamó a su amiga Elena a media noche, para contarle entre sollozos la espantosa pesadilla que acababa de tener.
- ¡Elenita, Elenita! perdona que te llame a estas horas, pero necesito contarte la horrible pesadilla que tuve - exclamó Claudia, mientras sentada sobre su cama, abrazaba fuertemente la almohada, en un vano intento por sentirse consolada.
- Esta bien... no te preocupes Claudia, pero, antes que nada, quiero que te tranquilices para poder entenderte - respondió al otro lado del teléfono, una Elena, aún adormitada.
- Muy bien... escucha. Soñé que estaba en la plaza de un humilde pueblo y, que desde las ventanas y puertas de las casas, muchas mujeres me observaban llorando, pero, cuando me acercaba a hablar con ellas y preguntarles el por qué de sus lágrimas, de golpe me cerraban las puertas y ventanas de sus casas ... en un momento me quedé en la calle sola sin saber a donde ir, hasta que, en una esquina me encontré con una tierna niña vestida de negro, a la que pregunté por qué lloraban todas esas mujeres. Sin pronunciar palabra alguna, la niña solamente atinó a señalar con un dedo, a un camello que comía plácidamente la hierba crecida de un jardín. Entonces, tomé a la niña de la mano y corrí junto a ella tras el camello, mas este al ver que íbamos por él, comenzó a escapar, dando veloces zancadas para que no lo atrapemos. Sin darme cuenta, corrimos tanto que, nos habíamos alejado del poblado y, en torno a la niña y yo, no hubo nada más que un enorme desierto de arena y el camélido siempre a unos pasos delante de nosotros. No sé por qué, pero atrapar al animal se convirtió en una obsesión imperiosa y no me detuve hasta que él lo hizo en un oasis para beber agua.
Justo cuando pensé que sería sencillo capturarlo, encontré resistencia de la niña, quien llorando me rogaba no querer acercarse más, al camello, pero, yo entusiasmada, la animé a que continuáramos... y así fue que, por fin conseguí tocar con mis manos al animal y me sentí tan contenta que me olvidé por un instante de la niña.
Cuando la busqué con la mirada, vi como cientos de escorpiones y serpientes venenosas salían de debajo de la arena para treparse y envolver por completo el menudo cuerpecito de la niña, entonces, yo totalmente desesperada quise acercarme e intentar salvarla, pero, cuando di mi primer paso, el camello me mordió con sus enormes dientes romos, la mano derecha, masticándola lentamente, hasta engullir casi todo mi brazo, sin desprenderlo del cuerpo. Mi dolor no fue mayor que el dolor de ver los restos del cuerpo de aquella niña, corroyéndose por la ponzoña de las sabandijas que a rastrero avance marcial, se dirigían hacia mí.
Fue tan grande mi angustia, ansiedad y terror; tanto como mis flaquezas, que me desperté de esa amarga pesadilla, amiga. - Claudia detalló su peculiar sueño a su amiga Elena, quien le prometió visitarla por la mañana temprano, para proponerle algo que, la haría olvidar esa desagradable pesadilla.
Luego de que Elena, le cambiara el tema, contándole una experiencia graciosa a Claudia, ambas amigas terminaron la comunicación telefónica para volver a intentar, conciliar el sueño.
En la mañana, Elena a bordo de su moderno auto deportivo, se dirigió a casa de Claudia.
- Hola amiga, lo que te vine a proponer es que demos un viaje a las hermosas y exclusivas playas del sur, lejos de todo el ruido y la contaminación de esta ciudad - le sugirió Elena a Claudia mientras se tomaban unas tazas de café.
- Elenita... no te molestes, pero no me siento muy bien, además tengo un mal presentimiento sobre este día - respondió Claudia, con la mirada fija en una mancha de café que derramó de su taza sobre la mesa.
Luego de una breve conversación, Elena convenció a Claudia y con un ligero equipaje, ambas partieron esa misma mañana de viaje a disfrutar de un día soleado junto al mar.
Dos bellas jóvenes universitarias de vacaciones, viajando en un auto, tomaron la carretera principal hacia el sur, donde a tan sólo tres horas de recorrido, quedaban unas hermosas playas, pero, a mitad del trayecto, el camión de una empresa de servicios de mudanza, que iba detrás del auto de las chicas, no les dejaba de tocar insistentemente el claxon, para que ellas le cedieran el paso en la estrecha carretera de una sola vía. Cuando el chofer del camión logró su cometido, se adelantó pasando al costado derecho del auto donde iba sentada Claudia y, al hacerlo, el camión reveló la cara lateral del furgón, donde llevaba la enorme imagen pintada del símbolo de la empresa de mudanzas, el cual era un camello.
Elena, quien conducía, no tardo en darse cuenta del rostro pasmado de su amiga y al no obtener respuesta de ella, detuvo el auto a un lado del camino para poder tranquilizar a Claudia que de repente se desató en histeria. Cuando sus nervios se sosegaron, Claudia le rogó a Elena que pusiera el auto en marcha y que alcanzara al camión furgón, pues estaba segura que su sueño había sido premonitorio y que aquel camello pintado en el camión, ocultaba detrás un misterio siniestro.
Elena, un tanto incrédula, obedeció a Claudia con tal de verla tranquila. Por más que aceleró no consiguió dar alcance al camión, al que ni siquiera divisaban a la distancia. Pasaron diez minutos y cuando creyeron que lo habían perdido, lo hallaron delante, detenido temporalmente en una garita (puesto) de control del peaje. Sin perder el tiempo, Claudia bajó del auto y corrió donde el guardia supervisor de la garita de control, exigiéndole que revisara el interior del furgón, pero ante la pregunta del por qué debería hacerlo, Claudia no supo que responderle al inclemente guardia, pero le dijo que algo malo encontraría dentro de él. Los reclamos airados del conductor del camión hacia el vigilante, alegándole que la mujer estaba loca y que no podía perder más tiempo porque tenía entregas que realizar; consiguieron que el vigilante de la garita de control, levantara la barrera para que el camión prosiguiera con su camino.
Ante tales hechos, Elena quiso llevarse a Claudia nuevamente al auto, pero Claudia se zafó de sus manos y se colocó con los brazos extendidos valientemente delante del pesado camión, que se alistaba para continuar con su marcha. Al vigilante no le quedó más opción que bajar nuevamente la barrera y llamar por radio a una patrulla de caminos para que dieran solución al problema.
Al instante, llegaron dos policías en su vehículo y esposaron sin titubeos a Claudia y Elena, sin embargo, antes de llevárselas detenidas por alterar el orden; uno de los policías, perspicazmente notó que el chofer del camión viajaba solo y para ser ese un oficio de mudanzas, era más que extraño que aquel hombrecito de contextura débil, no contara con acompañantes que lo ayudaran a descargar las pesadas cosas que llevaba en el furgón ... eso, además de su evidente nerviosismo al ver a la mujer que, aún rogaba a sus custodios, revisar el camión; convenció al policía de ordenar al conductor a que abriera el furgón, y así satisfacer su curiosidad.
Ante lo inevitable, el chofer del camión, obligado a bajar de su cabina, sacó de la guantera un revólver y se disparó en la boca, matándose frente al desconcierto de los demás.
Pronto, más unidades policíacas llegaron al lugar y rompieron los candados de las puertas del furgón. Luego de bajar algunas cajas vacías de cartón, un penetrante hedor socavó las narices de los policías. Al fondo del furgón, los agentes no podían dar crédito a lo que sus ojos veían ... enmudecieron ante el macabro hallazgo de trece pequeños cuerpos de niños desnudos, sin ojos, con el pecho y vientre abiertos por la mitad, ausentes de todos sus órganos vitales y apilados como cajas uno encima del otro.
Luego de quitarles las esposas, los policías permitieron ver a Claudia y Elena, las execrables escenas que se escondían detrás de la figura del camello en el furgón del camión. Ambas mujeres quedaron más que conmocionadas, frente a la cruda realidad del tráfico de órganos infantil, que habían ayudado a descubrir...
Muy lejos de allí, en EE.UU. y Europa, los padres de unos niños sonreían felices al recibir la noticia de que ya estaban en camino, las córneas, corazones, riñones, hígados y pulmones de niños pobres de Latinoamérica, que estos padres inescrupulosos habían pagado para salvar la vida de sus hijos enfermos.
¿Tiene un precio la vida?
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