La prensa sensacionalista nos tachó de locos cuando más de mil pasajeros embarcamos en la réplica exacta de “El Titanic”. En su reconstrucción habían empleado idénticos materiales y tecnología de entonces e igualmente partimos del puerto de Southampton.
Hoy se cumple nuestro quinto día a bordo y los titulares de prensa se hacen eco “Superado el récord de los cuatro días”.
Fui invitado por mi amplia trayectoria en inmersiones submarinas, junto a Mel Fisher y Robert Ballard, dos buenos amigos y destacados buscadores de tesoros.
Ese día la animación del transatlático era hacer submarinismo, pero sólo unos pocos, los que ya tenían título oficial fueron los elegidos, en total una veintena de personas.
-No sólo se hunden los barcos, caballeros,-dijo Mel
-En ocasiones los terremotos o inundaciones han sepultado para siempre poblaciones costeras - prosiguió Robert-
Después de dar instrucciones técnicas y repasar el equipo, nos sumergimos. Tan sólo descendimos diez metros y había suficiente vida marina. Nos mezclamos entre marrajos, angelotes, rayas, unas bicudas y rascacios entre otros. Una raya mantelina jugueteaba a mi lado, a diferencia de las de su especie ésta no se escondía ni huía cuando me acercaba. Coloqué mis dos manos sobre su cuerpo y sentí un fuerte frío por la rapidez con que me arrastró a aguas cada vez más profundas.
El profundímetro de mi muñeca marcaba ciento cincuenta metros cuando frenó la marcha. Me sorprendió que mi equipo soportara la presión de esas profundidades, pero así fue.
Unos canales se abrían delante nuestro y unas estalactitas caían en picado parándose a escasos metros del suelo. Reconocí esas aguas aunque nunca había estado allí, se trataba de la península de Yucatán. Aquellos eran los canales considerados por los Mayas como la puerta de entrada al infierno y la guarida intratable del dios de la lluvia Chac, a quien apaciguaban con sacrificios humanos.
Bajo mis pies observé la forma de unas piscinas y en sus fondos unas reliquias arqueológicas primitivas, parecían huesos de animales prehistóricos y probablemente decenas de nuevas especies.
De repente una luz intensa me cegó. El médico del barco sostenía con una mano mi párpado derecho mientras que con la izquierda proyectaba su linterna directamente a mi pupila.
-Doctor, apague eso -grité-
-¡Está consciente!- vociferó y se giró hacia la puerta.
De inmediato llegó el resto del equipo médico y el capitán. Todos repetían una y otra vez que se había producido un milagro.
Me incorporé a contar lo sucedido cuando el médico me interrumpió explicando que había recibido una descarga eléctrica de una tembladera lo que me produjo fuertes convulsiones dejándome durante gran tiempo en un estado de semiinconsciencia.
-¿Pero no me ve lo consciente que estoy?-le dije-
-Si, ha sido un milagro amigo. No obstante, debemos ser prudentes y esperar cómo evoluciona las próximas doce horas.
Dormí profundamente esa noche, a la mañana siguiente mis intentos por explicar lo sucedido fueron en balde. El equipo de submarinistas al completo dicen no haberse separado de mi ni un solo momento aquella tarde, en cambio yo se que hice el viaje a esas profundidades por increíble que parezca. Es curioso pero el tiempo me ha dado la razón y mi batalla la he empezado a ganar ahora que las exploraciones de Yucatán han avanzado hallando lo que tiempo atrás yo descubrí.
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