EL GUERRA Y EL CADELIÑO
EL GUERRA Y EL CADELIÑO Vice Ganadora, Reto 14 -- 2 junio 06
El Guerra le había hecho prometer a mi hermano que enterraría al perro con él, en su tumba, sino, jamás descansaría en paz.
Al Guerra no le importó el olor que despidió durante un tiempo ni que su esqueleto fuera su vecino de cama.
Mi hermano César era su último mozo de recados. Le compraba y llevaba comida, café, leche, empanada, tabaco, lotería, pilas para la radio... le arreglaba papeles de recibos, cobros de la pensión, etc. etc.
Él Guerra le pagaba 500.- pesetas la visita. Le pedía que fuera dos veces al día. Si podía más. César buscaba tiempo para quedarse y charlar con él. Decía que el Guerra era la persona más mística de Piedrafita. Que era un filósofo y que tenía las paredes de la cocina repletas de frases de la Bilblia escritas por su mano.
Cuando César vino a Madrid a pasar unas vacaciones, lo encargó a una pariente. La mala suerte quiso que esa pariente conociera a una hija del Guerra que vivía en Coruña. La hija, avisada, acudió a verle después de décadas, y cuando vió la miseria y suciedad en que vivía su padre, arregló para que vinieran por él y lo llevaran a una residencia más allá de Lugo. ‘Para que lo atendieran como Dios manda’. Dijo.
Allí le cortaron barbas y melena. Lo lavaron, ducharon y restregaron bien. Le pusieron buena comida delante, pero él se negó a comer y a los 7 días murió.
De regreso, mi hermano lo encontró muerto y enterrado.
César anduvo rumiándolo y un día le pidió a Nando que le ayudara y a las 3 de la madrugada se fueron a casa del Guerra, agarraron los restos del animal, lo metieron en un saco y enfilaron al cementerio en una noche cerrada, sin luna, donde no les llegaba la camisa al cuerpo y con grandes esfuerzos y ruido, abrieron la tumba del Guerra y le metieron al cadeliño para que descansara en paz. Mi hermano sólo dijo “Uhh, conociéndolo, es capaz de no descansar él ni dejarme descansar a mí hasta no tener al perro dentro”.
Angeles Yagüe |