Solo una incipiente y tímida brasa asomando su inhumado rostro tras sudores pasados y aromas perdidos, una palabra reflejada en la oscuridad del espejo y el tiempo. El tiempo perdido tras los cristales del miedo, las excusas y el odio. Una bandeja de plata colgada al cuello de los fantasmas que me visitan cada noche. Un camino hacia el vacío transitado con demasiada frecuencia. Un camino hacia la desidia, pero sin lugar para mis tristezas. Un camino desesperado hacia el postrero responso, pero un camino al fin. |