Mientras se desatan las tristezas, la dama se esconde, y el tiempo parece desmembrarse a si mismo.
Cuando el terror invade al alma con nuevos insomnios, y el secreto no tarda en develarse, los grises duendes del silencio acampan entre mis soledades brindando con sucias copas de ausencia.
Cuando el dolor se hace insoportable, y los caminos a la felicidad son cada vez menos, y el regreso de los fantasmas nos comen las entrañas, allí, como pirañas que despedazan la carne del inmolado, la melancolía da inicio a su faena, y nos deja vacíos, callados, solos.
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