Casi sin rencores, casi sin melancolías, casi sin demoras, y con las últimas miradas puras que me quedan, no te regalo rosas ni orquideas, no te doy ni poemas ni
canciones, no te ofrendo mis sangrantes manos, ni pongo entre las tuyas mi destino.
No te doy mis pasiones adolescentes, ni mi locura transitoria, ni mi fuego, ni mi boca, ni mis dientes, ni el temor a tu ausencia, ni el secreto que abriga mi alma, no
te doy ni mis horas ni mis deshoras, ni mi honra o mi deshonra, no deposito en tus ojos mi confianza, ni mi desconfianza, no extiendo mi mano para que la tomes, no
caigo ya en ninguna trampa, no te doy mis sueños ni mi risa, ni mis amaneceres ni mis ocasos, ni el cielo que me cubre, ni el mar que me ha ahogado, ni las lluvias en
el rostro, ni el responso del pasado. No hay mas nada en mi que pueda darse, ni siquiera dolor o desamparo, ni siquiera un desierto ni una palma, ni un paso en falso.
No hay promesas ni culpas, ni pisadas ni huellas, ya no queda nada en mi que sea mío, ni siquiera mi vacío.
No te doy esta tarde golondrina, que emigra hacia otras latitudes, ni el frio del ocaso de mi vida, ni las nubes oscuras del destierro. No te doy la melodía de los pájaros, ni
el pétalo de amor que se ha caído, ni el barro con el que hago muñecos, ni el silencio de mis versos ya dormidos.
No te ofrezco el desayuno amargo ni el buen día, ni lágrimas ni sellos recurrentes, ni animos cambiantes, ni presentes, ni muñecas, ni buenos humores.
No ha quedado nada en mi que pueda ser ofrecido, ni dado, ni pedido.
Se ha perdido la candidez del que amaba con sus ojos cerrados y corazón abierto, para luego llorar a ojos abiertos y sufrir a corazón cerrado.
Solo ha quedado en mi alma, una cuerda, con su sonido opaco y oxidado, una cuerda dura, áspera, sensible, una cuerda que te nombra, te sufre, te ama. Una cuerda que no te olvida, que sigue a tu lado aún cuando no estás. Una cuerda que me ata a tu amor como Aquiles a la barca, una cuerda que me salva de la muerte, una cuerda que convierte a mis congregadas nadas en tu nombre levantado entre cenizas, una cuerda que no es mía, sino tuya, y como darte lo que es tuyo.
Nada te doy, nada te ofrezco, nada te ofrendo, porque ya lo tenes entre tus manos, que mas allá de mis elecciónes, nacieron para acariciarme.
|