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Inicio / Cuenteros Locales / Claraluz / La oscuridad de un libro.

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Era el día de mi décimo cumpleaños cuando a la salida de clase, mi mejor amigo Alvaro, y yo fuimos a nuestro escondite secreto. Acudíamos allí una vez al mes, saltábamos el muro medio derribado que separaba el camino de tierra y el viejo caserón. Preparamos un fuego y leímos durante horas. Los padres de Alvaro le habían dado permiso para dormir esa noche en mi casa.
Empezaba a anochecer y un fugaz destello de luz dentro del caserón llamó nuestra atención. Cruzamos unas escaleras que llevaban hasta un pozo, nunca antes habíamos pasado por allí. Saltamos por encima de unos troncos abandonados y llegamos hasta la puerta principal. La luz de nuestras linternas se filtraba por la comisura de la cerradura y alumbraba los peldaños de la escalera. Alvaro puso la mano en el frío mármol del pomo y comprobó que la puerta estaba entreabierta, empujó con suavidad.
-Deberíamos irnos Alvaro- le dije-
-¿Pero por qué? Aquí no vive nadie, no estamos haciendo nada malo.
Avanzamos despacio hasta el rellano, paramos porque nuestras linternas empezaron a fallar.
-¡Vaya! Papá me dijo que le iba a poner pilas nuevas, pero se ha olvidado.
-Creo que yo tengo un mechero en el bolsillo-dijo Alvaro-
Enciéndelo tú- me dijo- y alumbra bien que esto está demasiado oscuro.
En eso estaba cuando una intensa luz nos cegó. Encima de nosotros una especie de lámpara enorme con forma de circunferencia se aproximaba cada vez más.
Bajaron la intensidad de los focos para proyectar una luz directamente sobre Alvaro y luego apagaron todo, dejándonos nuevamente en penumbras.
La llama del mechero se extinguió lentamente y perdí la silueta de Alvaro en la oscuridad.
Ya era de día cuando me desperté aturdido y sólo. Me levanté y recorrí el caserón buscando a Alvaro. Grité su nombre pero no tuve éxito, pedí ayuda pero estaba muy apartado de todo para que nadie pudiese escucharme.
Salí corriendo tan rápido como pude hasta mi casa. Mamá abrió la puerta y se echó a llorar. Yo pensé que me iba a castigar por haber estado tanto tiempo fuera de casa sin avisar pero ella tan sólo lloraba y me apretaba con mucha fuerza.
De inmediato les conté lo sucedido. Mamá me llevo a la cama un vaso de leche caliente y me dijo que no me preocupara de nada. No tenía sueño y me pasé las horas tendido sobre el lecho con la luz encendida. Me vi tentado a acercarme a la casa de Alvaro y hablar con sus padres, y a falta de mejor término, entregarme, pero tras meditarlo supe que no era culpable de nada.
Papá me dio un beso en la frente y le dijo a mamá que todo estaba en manos de la policía. Por la tarde insistió en abrir la joyería como de costumbre y quiso que yo le acompañase. No hubo mucha acción en el trabajo pero se había corrido la voz de lo sucedido y los vecinos tenían teorías para todos los gustos.
Unos pensaban que Alvaro había hecho una travesura y que aparecería de un momento a otro, otros decían que podía haber sido secuestrado tal vez para darlo en adopción o para el tráfico de órganos, y luego estaban los más pesimistas que lo hacían víctima de algún asesino psicópata.
Esa noche, después de cerrar la joyería y volver a casas, papá y yo vimos cómo la plaza “La Paralela”, había sido tomada por unas luces azules, y varias patrullas de la policía custodiaban a un niño. Me acerqué corriendo, reconocí a Alvaro. No había signos de fatiga en él y su ropa estaba como la noche anterior. El no recordaba nada de lo sucedido, tan sólo que una intensa luz le cegó y que se quedó dormido. Lo siguiente que recuerda es la cara de un policía que lo despierta en un banco de aquella plaza.
Nos abrazamos en silencio y empezamos a llorar. Nos miramos en la penumbra buscando palabras que no existían. Entonces un policía se acercó y le preguntó.
-¿Quién te dio este libro, muchacho?
-No lo sé, no lo recuerdo- contestó Alvaro- Me desperté con él en mi pecho.
Los investigadores buscaron al autor o su título pero no estaban registrados. No obtuvieron ninguna información al respecto, ni oficial ni extraoficialmente.
A la mañana siguiente fui a clase como siempre, mis padres lo habían decidido así.
Tres semanas más tarde Alvaro se me acercó en el recreo. Yo estaba muerto de miedo pensé que venía a vengarse de mi por considerarme culpable.
-Te debo una disculpa-me dijo- Me advertiste que no entrásemos al caserón pero no te hice caso y sé que tú entraste por no dejarme sólo.
Bajó la mirada avergonzado y me preguntó si quería volver a ser su amigo.
Me sentí aliviado, un sueño espeso de olvido me inundó y acepté con una amplia sonrisa.
Esa misma tarde fui a su casa, su madre nos preparó una merienda y nos la subió al cuarto de Alvaro. Allí él me enseñó una colección de soldaditos de plomo que había dibujado.
-Los he hecho yo- me dijo-
Y luego comenzó a leerme su nuevo cuento.

Texto agregado el 10-06-2006, y leído por 159 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2009-04-17 16:05:02 http://ingenioliterario.ning.com/profiles/blogs/el-cuento-oscuro?xgs=1 antonslenk
2006-09-14 07:45:05 ay que linda esta historia, se que a muchos le parecera como: ¿esto es todo? pero no lo es.. cuando uno es niño en mi caso niña la amistad es lo mas importante!! muy bien me ha gustado.. y gracias por opinar en mi escrito :) me lleno de mucha alegría que comentaras a cerca de lo que pienso! blis
2006-07-30 18:55:47 qqqq, ya te vino vistar Jorval, entonces yo solo contribuire a desir exitante dese elincio hasta el final. anggelbueno
2006-07-30 18:33:56 Un relato muy bien escrito, que deja un poco en la oscuridad, como ese libro enigmático. Me hubiera gustado saber más detalles al final, pero tú lo escribiste así, y lo respeto. Cariños! loretopaz
2006-07-07 22:27:37 Me dejaste en suspenso imaginando el final.......***** ocasodemi
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