Que me perdone dios, que me perdone el mundo, los deseos satisfechos, la mirada ausente. Tantas manos perdidas en los recònditos lugares. Se me eriza la piel, cuando me tocas, se me entrecorta el aliento cuando me animas, pones tu mano en mi espalda y me invitas a compartir.
Las miradas clavadas en mi, yo eligiendo de soslayo, con los ojos puestos de a poco en quien quiero y tendré.
Cuando llega la mañana en vez de sentir el agotamiento, nuestros cuerpos, renacen con nuevos movimientos, besos de complicidad, miradas mudas y llenas de significado. Mi cómplice, mi compañero de viajes secretos, ven que te es tu turno de disfrutar, que es lo que quieres?, porque lo que desees te lo darè. |