Entre unos espantosos gritos de euforia, senti tu mala energia y tu alma contaminada, no lo niego, senti miedo, y me decía una y otra vez:
– “ ¡Mirala! Sangre de tu sangre, vida de tu vida, acompañante entre compañeras, ¡Mírala! Es tu hermana—No pude contener el dolor, y en ese instante desate la furia, la furia incontrolable….
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