-¿Cómo llegamos al mundo?- preguntó curioso.
Él sintió que ya era hora de contarle la verdad, pero esto le complicaba tanto, que no sabía qué palabras usar para ello.
-Bueno... el creador te ha traído.
-Entonces, ¿qué eres tú de mí?
-El creador se ayudó de tu madre y de mí para lograrlo.
-¿Y cómo es él? ¿Es grande, poderoso y de gran talento?
Calló. El Lápiz no sabía cómo explicarle a su pequeño Cuento que había llegado al Papel, no por un gran maestro, sino que por un triste escritor frustrado que, como única arma, tenía su Mano, su Lápiz y Papel; madre, padre y mundo, respectivamente, de sus pequeñas creaciones, creaciones pobres para el mundo, pero siempre muy valiosas para él. |