EXISTENCIA PUTATIVA
No hay mensajes sin mensajeros,
ni destino sin horarios.
¿Somos las cartas del remitente ubicuo
o destinatarios hojeando el anónimo
de nuestras horas contadas?
Imposible sería el movimiento
sin la acechante quietud;
una pausa, un instante sereno,
un latido, una fuerza que acciona el motor.
En tormenta, tensión y sosiego, galopa el corazón.
Se entrelazan los hilados de la mente
enredando la madeja en confusiones,
que si fue primero el germen
o si fue primero el trigo
si al final las rastrojeras son lo único evidente.
No podemos volver hacía atrás,
tras la huella de nuestra estela, a la cuna oxidada;
porque voces de allende nos reclutan a sus filas
a pelear por nuestras vidas en los campos del mañana
y a la zaga acosa el tiempo con sus perros de cacería.
¿Y qué es un hombre?, si no, un gusano en la manzana
socavando muy profundo el mesocarpio de lo mundano,
de quimeras va nutriendo su anillada insignificancia
pudriendo el fruto que suspende de su frágil rama
caerá intentando hallar el núcleo de su turística existencia. |