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Inicio / Cuenteros Locales / CalideJacobacci / Perdidos

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Se que me perdí acompañando el comienzo de la noche.
(solo de eso estoy seguro)
En el trayecto de ir a buscar la pelota.
Sí, luego de la última acción de juego, de esa cuerpeada que nos mezcla en gambeta tratando de llevarla.
De la última escaramuza polvorienta de la tarde.

El que emboca el último gol gana, habíamos decidido, y ahí fue cuando el Zurdo solo frente al arquito, ya sin arquero que lo tape, que se lo impida, le había pegado de punta.
Fulminando.
De punta y con rabia, haciéndola volar muy alto y lejos.
Perforando la red imaginaria, que supuestamente estaba entre los palos, palos que eran dos latas llenas con piedritas y con tierra.

Ya sin gobierno (ella) se agarró del gris del cielo, se le subió al viento y cruzó las vías, para caer dando rebotes, y rodar.
Rodar y saltar.
Rodar y picar, hasta que logra esconderse entre quietos vagones. Y entre brotes metálicos que le salen al suelo.
Hasta no dejarse ver.

Yo voy (dije).
Y ya no escuche más voces.
No había pasado los andenes cuando respiraba solo noche.
Solo noche y silencio.
Eso me hizo volver la cabeza.
Giré en busca de alguien solidario que me espere, o me ayude en la búsqueda, y no vi a nadie.
Algunas luces encendidas eran ojos amarillos parpadeando, y espeso el aire acompañaba a las sombras a cubrir la tarde.

La encuentro disimulando ser una mancha entre dos rieles, junto a las palancas de cambio de vías.
Incorporada a las sombras, como un muerto. Exacta y quieta como un muerto.

Pero ella siempre brilla cuando la miro.
Se pone casi blanca, palidece, y no es tan indiferente como cuando todos la patean.
Creo le gusta que la tengan mis manos.
Me siento.
Me quedo en las penumbras sobre un durmiente, la apoyo en mis piernas flexionadas, la aprieto con el pecho y la abrazo.
Y miro la noche, que la veo ya funcionando como noche, herida por las luces, las luces encendidas de las calles, y suspiro.

Sí, ahí solos.
Solo yo y ella, abrazados.
Y la siento que también suspira.
La cubro con mi camiseta sudorosa, y la dejo contra mi piel.
Apretada, juntando los latidos.
La cubro no por que la noche la asusta, la oculto para que la noche sea más oscura.
Y yo estar ahí, perdido.

(2006)

Texto agregado el 22-06-2006, y leído por 248 visitantes. (28 votos)


Lectores Opinan
2007-05-29 06:38:41 Me ha conmovido profundamente, por razones varias. mechitagarci a
2007-05-21 04:49:56 Describes el paisaje de una forma maravillosa, todo pareciera que se va viendo. Esa pelota es una ternura cuando no es pateada.********** Sí, ahí solos. Solo yo y ella, abrazados. Y la siento que también suspira. La cubro con mi camiseta sudorosa, y la dejo contra mi piel Besitos Victoria 6236013
2007-05-15 04:45:54 Mira nada más amigo lo que me había perdido... un poema... una historia... un desbocado amor por la pelota, pasión que arrastra al precipicio al más recio, como una mujer hermosa!!! Bello y contado con tal maestría ¡carajo hermano! esto es poesía... La Vía Láctea entera... tobegio
2006-11-02 18:52:28 Qué preciosas imágenes!! Me gustó mucho tu cuento- chantal-d everaux
2006-11-02 00:55:08 Lindas imàgenes, todo el relato parece un balsamo para los ojos, se puede ver con claridad. ebrierau
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