Hace mucho frío; menos treinta grados bajo cero en Moscú, cuando Rimsky Sarkosky y Valery Vorzov ambos hombres de la calle, se encuentran o más bien se apiñan en el portal de una sede bancaria sobre las cinco de la madrugada de un amanecer cualquiera.
Valery Vorzov, ex atleta, ex estibador, ex ganador de diversos premios y en definitiva ex hombre músculo. Rimsky Sarkosky ex empresario, ex respetable, ex vox populis, y en definitiva ex hombre acreditado… Los dos rondan ahora la decisiva cincuentena y sin recursos para bregar en sus diversos caminos y avatares han llegado a ser quienes son: dos perdedores; pero sobre todo hoy son ya algo más: dos hombres arruinados por una misma y singular particularidad: El alcoholismo.
Ahora, ambos se escudan y reconocen tras un mismo poder de supervivencia, un elemento que los mantiene sumidos en constante enajenación: la ley del alcohol a bajo precio. Al fin y al cabo una ley tolerada por la sociedad.
Sin apenas ser conscientes, oprimidos bajo un proceso engañoso y avasallador, con lentitud, pero de forma infame y gradual, han ido abandonando sus intereses establecidos y han empeñado sus cada vez más escasos recursos en la bebida.
Y... ¿cómo empezó todo? Pues de una forma en apariencia sencilla. En principio vivieron una época de borracheras iniciales con los amigos en que todo les resultaba fácil e eufórico. Ambos hallaron un mundo en el cual regodearse y hacer partícipes a los demás de sus hazañas y frivolidades, rodeados de incondicionales, les resultaba placentero y divertido. E incluso, en alguna de aquellas escaramuzas noctívagas, lograron fascinar a más de una mujer con la cual acabaron primero fornicando, y más tarde desaguando el producto de sus terribles resacas. Y a partir de ahí punto y final a la aventura; pues en cuanto la mujer descubría en su compañero a un insaciable bebedor, lo abandonaba.
Quizá siendo conscientes, o tal vez sin serlo, pero en el fondo y aunque negándola, descubriendo su imperiosa necesidad, ambos, a medida que perdieron su capacidad de razonar malograban aquel círculo de amigos no tan “incondicionales” como supusieron; y con ello disminuía su previsible constancia para trabajar y también la facultad para ser razonables, consigo mismos y con los demás. Enseguida su situación de estabilidad real dejó de existir y pasó a transformarse en una extravagante parodia onírica, de la cual les resultó cada día más y más difícil de salir…
Y así ambos discurrieron por caminos paralelos hasta encontrarse en aquella tesitura ese terrible amanecer. Sin hogar, sin pareja, sin dinero, sin familia y sin un solo amigo que los respaldara. En definitiva, abandonados a su suerte en el mundo.
Sí, hacía un frío excepcional esa madrugada, y Valery Vorzov, ex atleta, ex estibador, ex ganador de diversos premios y en definitiva, ex hombre músculo, aparte de estar congelándose no disponía de un trago que llevarse al gaznate y sentía un gran malestar y ansiedad. Lo cierto es que hacía demasiado frío y el lugar resultaba incómodo para ambos pensaba Rimsky Sarkosky ex empresario, ex respetable, ex vox populis, y en definitiva ex hombre acreditado, quien además poseía la única botella de vodka en la que todavía quedaban los últimos tragos de alcohol.
Frío… ¡demasiado frío! ansiedad, pocas palabras y poca o ninguna amistad, pues hasta hablar resultaba un esfuerzo a aquella temperatura; ese era el breve resumen de su situación. Por ello, Valery Vorzov, al descubrir la bebida en manos del otro hombre, no le pidió un trago de la botella ni se afligió, sino que viendo cuan mal se encontraba, en su nerviosismo irascible, exigió de inmediato beber.
Y el frío siempre el frío compañero de males, enemigo de amistades y de aliviar mediante una conversación amigable los problemas. Pero el problema de ambos era ya una cruda enfermedad si no irremediable, violenta. Pronto pudo descifrarse con claridad la terrible ansiedad y molestia devastando el rostro de Valery, y más cuando Sarkosky le negó un trago con rotundidad. Tampoco se dirigieron una frase al comenzar a forcejear; una total ausencia de gritos o exabruptos acompañó la pelea desde el principio, y cuando los brazos aún poderosos de Valery Vorzov rodearon y atenazaron el cuello de Rimsky Sarkosky con potencia hasta estrangularlo, tan solo hubo un gemido, un hondo suspiro, una leve convulsión… eso fue todo.
De momento Valery Vorzov había ganado la partida...
Con manos temblorosas descorchó la botella y bebió. ¡Estaba muerto de frío! pero sobre todo la ansiedad el malestar y el frío glacial… dejó de existir, y se convirtió en placentera riada cálida y deslizante que descendía ardiente por su garganta. De pronto Valery se halló calzándose sus viejas zapatillas en el magnífico estadio de verano, aclamado por más de sesenta mil almas en las gradas. Se vio situándose en la salida y arrancando con potencia endemoniada, sin cesar de sudar un solo instante ni consentir en ser sobrepasado por sus rivales, venciéndolos a todos en la recta final de los cuatrocientos metros. Pero sobre todo, a su encarnizado enemigo el americano Michael… ¿Michael Rimsky Sarkosky? A continuación, desde el podio saludó sonriente, se inclinó para recibir la medalla de oro y de inmediato sus movimientos se ralentizaron y se empezó a sumergir… ¿pero dónde y por qué se hundía? ¿Estaba atrapado como en un... ¡gran manto de fango que lo succionaba! Sí, así resultó ser. Pero no sintió miedo ni dolor ni ansiedad... No, todo eso ya se había terminado para él. Y cayó, siguió despenándose en un profundo y agradable letargo…
Ese mismo amanecer un funcionario del banco, sobre las nueve, halló los cadáveres. Los retiraron enseguida y los depositaron en una fosa común.
Al día siguiente ni siquiera hubo un breve recordatorio sobre sus vidas en los diarios. Dado que en una nación tan desproporcionada como Rusia, muchos son los problemas que deben de afrontarse; y además, a diario hay cantidad de fallecidos, y encima más ilustres y a los que hacer referencia que a un par de pobres... ¿enviciados...?
José Fernández del Vallado jun 2006 josef. |