NO OLVIDARÉ TU CUERPO
¨ ¨¨ ¨¨ ¨¨ ¨¨ ¨¨ Para Jose. Se que estarás
¨¨ ¨¨ ¨¨ ¨¨ ¨ en un lugar hermoso.
No. No lo haré jamás.
Nunca olvidaré tu cuerpo.
No porque fuera hermoso
con la hermosura de los efebos
o con la de los jóvenes atletas.
No es eso.
No podré olvidar tu cuerpo
porque su hermosura cercana
se licuaba junto a la mía y sobre ella,
en nuestro abrazo.
Bajo o sobre mi brazo,
bajo o sobre mi cuerpo extendido.
En tu calor y tus labios.
Tus labios, en ocasiones presos
de rara fascinación, recitaban:
¡Qué hermosa!
¡Eres tan hermosa!
No porque yo fuera hermosa
con la atlética figura de las jóvenes
o de las modelos.
No. No era eso.
Quizás tan sólo era,
y tanto como eso,
que la belleza nos tomaba,
nos prendía. Ardíamos en ella.
Nos combustía.
No podré olvidar tu cuerpo
grande y no tan perfecto
si miro el estilo de las modas.
De las “perfecciones” en boga.
Tal como era me gustaba tu cuerpo,
pero no. No es eso.
Sino que era que siempre,
llegando a él, llegaba a casa.
Siempre junto a él y junto a ti
estaba en casa.
Junto a ti y junto a él,
en ella me encontraba.
No podré olvidar tu cuerpo,
tu boca en mi rostro, acercándose,
retrocediendo,
bebiendo en mi piel y en mi alma,
exclamando:
“¡Hueles a flores! ¡Cómo hueles a flores...,
"Si, A flores...
"Son distintas... son tan raras
"y tan hermosas...
"Te huele la piel, el cuello,
"hueles toda. ¡Cómo hueles...
“a flores!
"Son... desconocidas,
"Son preciosas. Son flores.
"¡Cómo hueles a flores.
"¡Es tan intenso...”
Aquellos inesperados,
fragantes olores
quedaron en el misterio
de nuestra leyenda de amor
tan intensa, creadora, tan hermosa...
Tan insoldable,
tan a veces... inexplicable.
Amante amado,
compañero amigo.
Árbol fronterizo,
tronco que se abre
en múltiples abanicos de ramas
por las que anduve,
queriéndote.
Por las que ando.
Si por llanto o pesares,
alguna vez lo dudé...
No lo dudaba.
Era más impotencia.
Desesperanza.
El amargor... Olvidado.
Y no es que tenga tu recuerdo,
tu lo sabes.
Te tengo a ti, amor amado,
por siempre y para siempre
en bonanza envuelto,
flotante en su halo.
Como siempre
y ya por siempre suave,
tu presencia a mi lado,
indistinta, inexplicable,
si bien,
como de costumbre, a mi lado.
Como has estado junto a mi,
como en el fondo siempre
y a menudo en la superficie,
hemos estado
Así seguimos.
Juntos, mezclados y disueltos
en hermosa y dulce pasión
que se licua y se expande
y en sí misma se derrite.
En calma, y dulcemente,
como nunca y como siempre.
Entre los pliegues de los días
disimulado, entre este amor
que en silencio y dulcemente
sigue musitando
aquellos... “te amo”.
Ángeles Yagüe>/i>
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