Tres lágrimas que nadan en el mar de mi tristeza e incredulidad con destino a ti, sin previo aviso y con desesperación escapan de mí, y de paso, te penetran sin tu saber de su origen, sin saber lo que significas para ellas, su creador, su inspiración, sus fuerzas para luchar con mis párpados. Te cuento que son tus primogénitas, son pequeñitas y se parecen a ti, que te adoran y te querían conocer, he ahí la razón de su fuga.
Hoy se me van y me dejan libertad, desamparo, confusión y la idea de estar loca.
Cuídalas, quiérelas y sé un buen padre siempre, pues siempre serán tus hijas.
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