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Inicio / Cuenteros Locales / nayru / Los locos no lloran

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Dedicado a Ángel, por hacerme ver la mejor parte del “defecto” de mi locura y compartirla y a mi niño amado, César, por tener duendes traviesos en la cabeza y por estar tan loco como para quedarse conmigo y amarme tanto como yo a él.



Le brillaban los ojos con la intensidad de un millón de estrellas.
Cubría de halagos a las mujeres que encontraba a su paso, conseguía ruborizarlas y robarles sus mejores sonrisas. Ese era el mayor de sus tesoros
Gritaba de júbilo a los cuatro vientos que estaba enamorado de la vida, que era feliz, y la gente se sobresaltaba y reía con sus ocurrencias.
Su alegría era excepcional, al igual que sus creaciones. De sus manos brotaban obras imposibles y fantásticas propias de un genio, y es que decía tener duendes en la cabeza que le enseñaban a hacer arte.
Procuraba no andar, sino saltar por la calle, hablaba a todo el mundo de la dicha de disfrutar de cada momento con pasión y alegría.
Gozaba de su cuerpo con toda libertad y sin pudores; vestía de amarillo, de blanco, de verde, de rosa o, sencillamente, no vestía.
Le divertían los retos, los juegos sanos e imposibles, y los llevaba a cabo con cualquiera y en cualquier lugar.
Si le preguntaban su edad decía ser un niño y no tener problema con ello.

Había tenido que mudarse seis veces en los tres últimos años porque sus vecinos se cansaban de su insaciable actitud, hasta el punto que había quien le temía, pues afirmaban que no estaba en sus cabales. Y esa urbanización no iba a ser una excepción... Pero esta vez, las cosas fueron más allá.
Una mañana llamaron a su puerta con insistencia, y al abrir encontró a unos hombres de blanco que le llamaron por su nombre y apellidos y le pidieron que les acompañara pacíficamente a un lugar donde podrían ayudarle a superar su enfermedad. Él los miró, sonriente. “Disculpen, pero yo no necesito ayuda...” Al ver la cara de sus interlocutores entendió que no podía oponerse a acompañarles. “Está bien. Denme un minuto para prepararme”.
Les pidió que esperasen en el salón, pero no pareció gustarles la idea y le siguieron hasta la habitación.
Por primera vez en la vida, mi hermoso loco pensó que las cosas no estaban bien, que allí donde le llevarían no podría seguir con su vida, que no sería feliz, y él quería ser feliz, quería ser libre... Libre... Sus ojos brillaron con más fuerza que nunca. Volvió la cabeza para mirar a los hombres que franqueaban la puerta, les dedicó una fugaz sonrisa, apoyó un pie en la ventana y voló....






- Tú eres mi ángel, ¿verdad?
- Lo sabes bien.
- Si. Eres como siempre te vi...
- Dime, ¿qué es lo mejor que hiciste durante tu vida?
- Sin ninguna duda, vivir.

Texto agregado el 30-06-2006, y leído por 87 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2006-08-19 15:57:04 Que texto tan bello, es increíble, todas las estrellas *********Mayté VACYA
2006-07-10 20:24:47 Muy hermoso me brotaron unas lagrimas sin querer en tu poema *5 terref
2006-07-03 12:48:16 Espectacular ese vuelo final. Mil estrellas para un texto precioso. Felicidades! jau
2006-07-01 02:03:19 Como siempre, escribes muy lindo. Felicidades. ULEIRU
2006-07-01 00:53:43 Muy buen texto, bien hilado, subjetivo, me gustó mucho impresa
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