Visiones I
Recuerdo cuando Juana y yo acostados sobre la hierba contemplábamos las formas de las nubes. Y con los ojos cerrados, de nuestros labios salían tantas historia. Siempre las suyas eran superiores de las mías, debo reconocerlo.
Así fuimos creciendo... A los diecisiete años, las invenciones de mi amiga se convirtieron en “contactos divinos”, como solía llamarlas. Cierto es, que las quiso hacer realidad y El Delfín junto a la vieja Francia, maldita inquisidora, la condujeron a la hoguera; mientras tanto yo, solo pensaba en sus labios, en sus ojos, en la textura de su piel, en la robustez de sus formas y en mi imposibilidad de apagar las llamas.
Visiones II
Recuerdo a Juana, y yo observábamos las nubes acostadas sobre la hierba, y con los ojos cerrados me decía tantas historias. Eran intensas, hasta el punto que la hicieron arder como una hoguera, mientras yo, me conformaba con sus labios, besar sus ojos, tocar la textura de su piel y en mi imposibilidad de apagar las llamas.
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