Todo por esa fragancia,
por esa conexión verde
que abismaba en sus ojos,
por ese perfume infernal
que habitaba su ausencia desnuda.
Y en medio de las letras dibujó sonrisas,
entre las "eses" pintó aquel rostro fino,
en las "ies" ocultó su cintura
-para amarla mientras derramaba sus letras-
Tomó su pluma y la convirtió en pinceles invisibles,
tomó su rostro pasajero y dibujó una sonrisa roja
y unas palomas verdes cantando en silencio
aquellos versos errantes y siempre nocturnos.
Todo para que ella no se marchara,
para que riera eternamente,
para que abriera sus manos
y entendiera que no hay poeta
que no tenga cierta vocación de payaso
-para escribir sus penas con besos de colores-
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