¡LLueve!
esa lluvia,
me retrotrae.
Sus gotas... se deslizan
a través del ventanal
como luminosos cristales,
recordándome...
El rosario de mi abuela.
De pequeña,
admiré esas manos,
ajadas ... por los años y el trabajo,
volando... como un coro de ángeles,
sobre sus cuentas.
En las noches de tormenta,
cuando el viento,
sopló fuerte...
o un temblor remecía la tierra,
su voz,
clara,
melodiosa,
se escuchaba en las plegarias.
Al finalizar el rezo,
una emoción la inundaba,
y ví caer de sus ojos...
perlas brillantes,
mezclándose con las otras.
¡Abuela!
Cuando se apagó tu vida,
ese rosario querido,
también se quedó dormido.
Y me pregunto:
¿En qué lugar... reposarán tus pedidos?
Me gustaría rezarlo
recordando tu figura,
las palomas de tus manos,
que ya no tienen sonidos.
Lo imagino
envejecido;
pero pienso que en sus cuentas,
no cabe ya...
un rezo mío.
|