silenciosa, se acerco con su guadaña, lanzo un tajo, y el anciano a mi lado izquierdo falleció. Mierda!. otro tajo, la niña que mi vecina de la derecha sostenia colpaso, en medio de unos estertores tétricos, y vi una lágrima, una sola lágrima rodar por la mejilla de la ex-madre, no lo pude evitar, me abalnce y la lamí, era dulce, aún no entiendo el porqué, el caso era que ya ella dirigía un calibre 38 hacia su cien y cuando disparó... nada, seguía en pie, como si ese agujero inmenso en su cabeza fuera de mentiras. me volví hacia ella, la silenciosa, y me dí cuenta que no tenía la guadaña en su mano, estaba sentada tomando un café. ¿qué sucede?- pregunté. - nada- me miró y pusó el café sobre la mesa- ya no me puedo tomar un receso, o qué? |