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Inicio / Cuenteros Locales / yaluzameluz / Historia de dos

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:219624]

Cada vez que llego es bonito verte ahí parado mientras me miras y yo te respondo con una sonrisa.
Te acercas a mi y lo primero que preguntas es como la he pasado y lo mismo te pregunto yo a ti.
Me invitas a tomar algo, nos sentamos a conversar de todo, reímos, me haces bromas te miro me miras y me parece increíble verte de nuevo.
Llega la noche y después de conversar por largas horas nos despedimos para mañana seguir.
Ya estando en la cama no pude dormir, solo pensaba en lo feliz que te vi y lo feliz que me sentí por verte a ti.
Al otro día me fuiste a ver para salir a pasear por ahí, caminamos mucho y charlamos sin parar, ya sentados muy serio me preguntaste si había alguien en mi lo miré y le dije –no-; lo mismo pregunté con un poco de temor me miró lo miré y sonriendo dijo: -claro que no-; luego otra vez vino a nosotros la alegría que se había hecho gris por un momento.
Por la noche, afuera de la casa donde yo alojaba platicamos y encontramos un lugar donde sentarnos para conocernos mejor y hablar solo sobre los dos. Desde esa noche ese fue “nuestro lugar”.
Recuerdo que una noche nos quedamos callados sin saber por qué yo acostada mirando al cielo, contemplando a las infinitas estrellas, mientras tu topabas mi mano y cuando me mirabas tus ojos brillaban igual que a mi.
Después descubriste que me gustaba ver las estrellas, un rato después cogiste mis manos y dijiste: -vamos párate, mira arriba la estrella mas brillante es tuya-; lo mire y le dije: no, esa estrella siempre será de los dos-, en ese momento sólo apretaba mis manos fuertemente con las suyas, quería abrazarlo, besarlo y decirle tantas cosas.
Día y noche que pasamos juntos era lo mismo conversar, reír y mirar las estrellas.
Tenia que partir de ese lugar y un par de día antes le dije que me tenia que ir.
Cuando me miró con una sonrisa yo quise morir, aquella noche bajo una clara luna tomé sus manos, lo miré con tristeza y dije: -debo partir-, enmudeció y una lágrima corrió por su mejilla igual que a mi, seguimos hablando pero sin reír, me dolía mucho verlo triste y a él también le dolió.
Día de mi partida no lo vi en la mañana no quise comer, ni hablar, nada; solo lloré y comprendí por qué no me buscó, él estaba igual que yo; por la noche ya esperaba el carro para marcharme y de repente llegó; estaba ahí parado solo me miraba y yo también no me acercaba porque si lo hacía creo que lloraba y él también; un rato después miré a las estrellas y él se acercó a mi, preguntó: -cuando vienes otra vez-; respondí: -no lo sé, quizás en un año o dos-, su mirada y su cara solo denotaban tristeza; le dije: -vamos a tomar algo mientras llega el carro-, sentada ahí sacó de una funda un lindo peluche, dijo: -es para ti-, lo miré y sonreí también sonrió; pensé: (cómo me voy a olvidar de ti…nunca) escuché un motor era el carro le dije: -me tengo que ir-, hizo un gesto que no me olvido, en ese momento quería abrazarlo pero si lo hacia después era difícil soltarlo, lo miré, me miró y le alcé la mano como diciendo adiós lo mismo hizo él.
Ya en el carro por la ventanilla lo quedé viendo él también me miró, nos miramos hasta que nuestras mirada se iban perdiendo por la distancia.
Como iba yo a saber que esa noche ya nunca se va a repetir,
como iba yo a saber que esas palabras no las escucharía mas,
como iba yo a saber que sus ojos se perdían,
como iba yo a saber que esa mirada era un adiós entre los dos.

Un tiempo después…él murió.

A Rafo.

Hecho 17-02-1995

Texto agregado el 06-07-2006, y leído por 8 visitantes. (0 votos)


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