Después de la expulsión ordenada por los reyes católicos, en 1492, la mayoría de judíos españoles, tuvieron que buscar refugio en diferentes sitios: Marruecos, Egipto, Turquía, Holanda, América, etc.
Ellos pensaban que este exilio no duraría mucho y que pronto podrían volver a Sefarad; se les era permitido llevar muy pocas pertenencias personales – la mayor parte era confiscado- y poco dinero.
Cada familia llevaba la llave de su casa, con la esperanza de poder volver pronto, y continuar con la vida anterior, si no feliz, al menos con una patria.
Con el tiempo el regreso se volvió imposible, pero los judíos nunca olvidaron su patria (Sefarad) y lo único que les quedo fue la llave oxidada y vieja para volver, esta paso de generación en generación ocupando siempre un lugar importante. Muchas familias la conservan hasta hoy…
El decreto que anuló la expulsión recién se dio en 1968.
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