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Inicio / Cuenteros Locales / DarkGods / El pozo de Adiameg.

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Hay pinturas del Siglo XIX que retratan al pozo del dios Adiameg como una cuenca repleta de mujeres hermosas.
En los lienzos, se las puede ver a todas ellas danzando y cantando en las profundidades. Pero la realidad de este abismo fue otra, muy diferente.
El pozo fue creado por Adiameg para enmendar el error de haber sido el único dios que mostró al mundo su verdadero rostro. Después de ese tonto rapto de vanidad, todas las mujeres olvidaron al resto de las divinidades e hicieron ofrendas y oraciones solamente destinadas a él.
El triunvirato de los dioses conminó a Adiameg a darle inmediato fin a ese problema, so pena de ser eliminado.
Cerworn se acercó al preocupado Adiameg luego del ultimátum divino y le dio el consejo que originó el pozo. La idea era sencilla: un pozo gigante, oscuro. Con piedras y barro como única estructura. Todas las mujeres que quisieran tener un encuentro con el dios, se meterían en el pozo, desprovistas de cualquier elemento. Una vez por año, Adiameg se acercaría al borde del precipicio y elegiría a una de ellas para pasar la noche con él.
Siguiendo las indicaciones de Cerworn, Adiameg buscó una cavidad lo suficientemente grande para albergar a sus seguidoras e hizo el anuncio al mundo. Miles de mujeres abandonaron sus hogares y descendieron a las profundidades. Cuando llegaban al margen del abismo, cerraban los ojos y saltaban. Por el poder del dios, su caída se hacía lenta y llegaban sanas al final.
La noche de la elección, el dios hacía emerger a la mujer y la llevaba a su morada. Allí, ella se perfumaba, se vestía con las mejores telas y yacía con Adiameg en su lecho.
Al amanecer, el dios empujaba el cadáver hacia el mundo.
Ninguna mujer sobrevive al placer de un dios.

Desde un principio, la sociedad que se formó en el pozo fue muy interesante.
El primer día, todas las mujeres se guarecieron en los costados, aterrorizadas, pero al tiempo, las necesidades elementales imperaron y las más fuertes se dirigieron al centro de la cavidad. La más pequeña de las mujeres presintió el cambio que se había producido y empezó a llorar. Fue su fin, y el principio de una masacre. Una vez saciadas, algunas sintieron culpa y asco por el sabor en su boca, pero comprendieron que tendrían que seguir haciéndolo.
Así se fueron creando pequeños grupos, formados por las mujeres más poderosas, sus favoritas y un “rebaño” particular de algunas desdichadas, las que se entregaban voluntariamente, con la esperanza de transformarse en pareja de alguna de las líderes.
A pesar de no tener ninguna forma de llevar la cuenta, todas sabían exactamente el tiempo que llevaban en el pozo. Aunque muchos cambios se habían producido en sus mentes, el amor hacia el dios seguía intacto.
Cuando Adiameg eligió a Lucy, lo hizo por algo que suena muy simple, pero que fue una señal que Adiameg no alcanzó a descifrar en su totalidad, la luz del dios azotó las sombras... pero Lucy lo miraba fijo, mientras las demás se arrastraban aullando.
Adiameg vio el perfecto contorno de esos ojos titánicos y no dudó: Lucy empezó a elevarse, entre huesos y fango.
Cuando la tuvo enfrente, él no dudó, pudo vislumbrar debajo de esa capa de escoria una belleza única. En silencio, se encaminaron hacia la morada.
Cuando llegaron, Adiameg le mostró el lugar donde encontraría todos los elementos necesarios para adecentarse.
La dejó sola y se dirigió a su habitación.
Recostado en su lecho, sintió como ella se encaminaba hacia él y se permitió un gruñido de satisfacción. Pero su sonrisa se borró cuando la vio entrar: Lucy estaba en las mismas condiciones que cuando había resurgido.
El hedor mataba todos los perfumes del lugar. Adiameg quiso incorporarse, pero Lucy fue más rápida. De un salto cayó encima de él y lo inmovilizó con sus brazos y piernas.
Ante el terror del dios, Lucy empezó a refregarse contra su cuerpo.

- Esto es todo aquello de los que los dioses escapan, Adiameg. Acá hay sangre, mierda, barro. Prueba un poco de humanidad.

La mano de la mujer se metió en la boca de Adiameg, que seguía paralizado.
Con un ágil movimiento de caderas, Lucy recibió al dios y empezó a moverse.
El vaiven se hizo frenético, y Lucy apretó las piernas. Adiameg sintió el placer que se le sobrevenía, pero no lo sintió como una liberación. Esta vez sería distinto: todos los Dioses tienen algo de hombre y todas las mujeres tienen algo de Diosa.
Con un aullido, Lucy anunció su orgasmo y Adiameg sintió como su propio placer se derramaba... llevándose su vida.
El Dios dejó de existir por sobredosis de humanidad.
Lucy bajó de la cama y se fue a la habitación donde estaban los elementos para limpiarse.
Se refregó el cuerpo hasta que su piel rosada salió a la luz. Tomó una tela negra de terciopelo y confeccionó una improvisada túnica. Acto seguido, volvió a la habitación, envolvió a Adiameg en las sábanas y empezó a arrastrarlo hacia afuera.
Llegó al borde del pozo y le gritó a sus ex compañeras:
- Mujeres!! Ni siquiera son dignas de ser llamadas así. Ni dioses ni hombres merecen nuestro dolor.

Desde la profundidad, los gritos se multiplicaron. Ya habían entendido la situación.

- Dentro de un año, volveré a este lugar y elegiré a aquellas que considere realmente mujeres. Mientras tanto, dejen que esta noche yo invite la cena.

El cuepo de Adiameg empezó a caer, golpeando los bordes, y fue recibido con un rugido desgarrador.

Lucy cerró los ojos y se fue hacia su nueva morada.
Tal como había prometido, al cumplirse un año volvería al pozo y haría surgir a sus discípulas, a las futuras sacerdotisas de las tinieblas.

Texto agregado el 07-07-2006, y leído por 57 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2006-12-03 19:01:29 :)+++++++muy bueno PUCCA_PSI CODELIC
2006-08-10 02:36:53 No habia visto que lo subieras... es muy bueno, lo vuelvo a leer y me vuelve a sorprender, Lucy emerge de las sombras dispuesta a tomar el mundo con su manos y retorcerlo.... me encanta.... saludos cariños cuidat Wenl_Asthent< /a>
2006-07-07 17:01:54 Un relato poco habitual. Con forma y contenido, que fustiga a comprender situaciones límite más allá de las palabras. Una critica mordaz a la sociedad que sobrevive gracias a la ignorancia mediática de la mayoría de los individuos que la componen, una parábola genial de una pluma acertada. Es un cuento con todas las letras y respeta al género proponiendo los matices indispensables que mantienen al lector en ese estado de agradable incertidumbre hasta el final. Te felicito. juanromero
2006-07-07 05:03:06 fantastico, muy inteligente, sin palabras, felicitaciones. SORIAS
 
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