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Inicio / Cuenteros Locales / Claraluz / Pomeroy

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:220413]

Dentro de cuatro días, mi marido Fernando y yo, celebramos nuestras bodas de plata. Hemos organizado con la ayuda de nuestros dos hijos un viaje a Las Bahamas aunque todavía queda ultimar detalles.
Esta noche prepararemos una cena como despedida. Mis dos nueras y cinco nietos llegaron temprano y me ayudaron en la cocina. Eduardo, nuestro hijo mayor llegó puntual como es costumbre en él, en cambio Luis siempre enredado por su trabajo llegaba algo más tarde.
- ¿Ya tenéis todo preparado? - preguntó Nuria. -
Su esposo, Eduardo, interrumpió la respuesta.
- Mamá, papá, no sabía cómo decíroslo, pero aunque tanto Luis como yo lo hemos intentado arreglar, la chica de la agencia nos ha llamado esta tarde para darnos una mala noticia.
- ¿A qué te refieres hijo?
- Que el viaje que habíamos programado se ha suspendido - dijo Luis -
La agencia dice que no llegaron al cupo mínimo de personas.
Ciertamente esa noticia me decepcionó, ya me había hecho a la idea. Pero quise animar el momento y les dije que ya cogeríamos otro vuelo e improvisaríamos al llegar allá.
- Pero mamá, la idea era un viaje organizado. No será lo que habíais pensado pero hemos arreglado el asunto.
- Sigue habiendo viaje - dijo Eduardo-
Tanto Luis como yo os regalamos esto - y me tendió un sobre cerrado-
- ¡No lo abrais! Dijeron los dos al unísono.
- ¿Un viaje sorpresa? ¿A estas alturas? - repuso mi marido - no muy convencido.
- Si padre, sorpresa. Y no rechistes que te va a encantar. ¡Ah! Pero cambia la ropa de las maletas, llevad todos los abrigos que encontréis en el armario.
Esas pequeñas dosis de información no hacían más que aumentar mi curiosidad y la de mi marido. Me salvó la idea de que tan solo debían pasar veinte y cuatro horas para desvelar el misterio.
Nos acompañaron todos al aeropuerto a despedirnos, llenándonos de besos y abrazos. Nos despedimos con un ilusionado hasta pronto, para irnos al mostrador “C” a buscar nuestra tarjeta.
- Ahí está nuestro número de vuelo -dije-
- Si, lo veo - respondió mi marido.-
¡Inglaterra! Gritamos a la vez.
Reímos sin parar y sin distinguir si las carcajadas eran de sorpresa o de nervios. Todo aquello cambiaba nuestro esquema, habíamos pensado muchos destinos pero sin acertar. Aunque tengo que decir que ahora estaban más acorde con mi gusto. A Fernando también le pareció un buen cambio.
Nada más aterrizar en Londres empezó a llover a cántaros.
Llamamos a nuestros hijos, tal y como habíamos acordado y entonces fue cuando Eduardo nos indicó que un amigo suyo del trabajo haría de anfitrión enseñándonos el país y que nos hospedaríamos en el castillo que recientemente había heredado de sus antepasados.
Eric Pomeroy se llamaba su amigo. Lo conocíamos de verle en los cumpleaños de nuestros nietos. Los hijos de Eric y los de Eduardo eran de la misma edad e iban juntos al mismo colegio.
Yo fui la primera que le reconocí, estaba sentado en una silla mientras leía el periódico.
- ¿Eric?
- ¡Muy buenos días!
El era cómplice con nuestros hijos de la sorpresa que nos habían preparado y con mucho gusto se ofreció a ayudarnos en todo. Nos llevó en su coche hasta el castillo, nos enseñó el restaurante y demás dependencias, los jardines y nos presentó al recepcionista que era sobrino suyo, quien subió nuestras maletas a la habitación.
- Os dejo con mi sobrino. Recordad que estáis en vuestra casa.
- Muchas gracias. Ahora nos vemos en la cena.
Fue una velada muy agradable, Eric nos habló del castillo y de su deseo de habilitarlo como hotel. Era dueño de muchas hectáreas, los trabajos de habilitación serían lentos pero manifestó no tener prisa, así podría compaginar su trabajo en España con el ocio en Inglaterra.
Tras la cena dimos un paseo por el jardín, a esas horas la fachada del castillo era mucho más bonita, parecía una vieja fortaleza que silenciaba el paso del tiempo. Sus piedras eran de grandes dimensiones y la estructura terminaba en dos altas torres con forma puntiaguda. Sobre ellas unos tejados y dos balcones.
Las primeras obras habían sido el enmoquetado del castillo, todos los pasillos de color rojo y nuestra habitación de estampados en tonos ocres. Esta era preciosa, mantenía el mobiliario de la época. Las paredes eran de la misma piedra caliza que el exterior, la cama de roble macizo color cerezo oscuro cubierta por unas cortinas de terciopelo verde igual que las ventanas. A un lado, una mesa de escritorio y una lámpara con un pisapapeles turquesa. Al otro lado estaba el tocador y un espejo con una inscripción “M.P.” junto a un cepillo de plata. De la pared colgaban unos retratos antiguos y unos tapices mostraban excursiones de cacería a caballo. Debajo de la ventana había un sofá y una mesilla de noche llena de libros.
Siempre que viajo, la primera noche es de “adaptación” a la nueva cama y a la habitación. Por lo que a pesar del cansancio no pude dormir, menos cuando ya lo hacía plácidamente Fernando y sus ronquidos eran cada vez más profundos.
Decidí sentarme a leer alguno de aquellos libros, y allí me hubiera quedado dormida de no ser por una luz que venía del exterior. Una especie de señales hechas con linternas, corrí la cortina pero y no vi nada. Un frío recorrió todo mi cuerpo y me metí en la cama.
Al día siguiente le pregunté a Eric si había alguien más en el hotel aparte de nosotros.
- Por el día está el servicio, dos cocineras, el mayordomo y el hijo de éste, que se encarga de lavar los platos y limpiar el jardín. Y de noche sólo estáis ustedes dos, mi sobrino en la portería y yo en la habitación contigua.
Asentí con la cabeza y no hice ningún comentario sobre aquella luz. Ese día Eric nos llevó a pasar la frontera y llegamos a Escocia, donde nos deleitamos con tan idílicos paisajes. Aquella tierra, su mar, sus gentes y su tranquilidad nos estaban conquistando.
Eric era sin duda un gran conocedor de su tierra y sus costumbres. Después de la cena jugamos una partida al ajedrez, yo cedí mi puesto a Fernando y con el permiso de Eric fui hasta la biblioteca, cosa que deseaba hacer desde que llegué. Era más grande de lo que parecía, extraordinaria, rica en cantidad y calidad. Todos los libros estaban clasificados por géneros y antigüedad. Escogí varios y los subí hasta la habitación.
- Buenas noches señores, que descansen.
- Buenas noches Eric. Igualmente.
Tenía sueño pero tropecé con un libro interesantísimo de la vida de los Pomeroy y su castillo y no podía parar de leer.
- Deja eso ya, cariño - me dijo mi marido-
- Si, si, enseguida.
Ya de madrugada me despertó un aire frío, la ventana se había abierto y me dirigía a cerrarla cuando un baile de luces me deslumbró.
Corrí la cortina y vi a una señora vestida de blanco, parecía joven y llevaba una larga melena negra al viento. La noche estaba fría y ella sólo llevaba un camisón blanco. Al verme dio media vuelta y siguió su camino, se dirigía a los árboles que rodeaban el castillo.
Observé cierto aire de preocupación en la cara de Eric cuando al día siguiente le conté lo que había visto, así que no quise insistir en el tema, no quería preocuparle con nada. Además pensaría que estaba loca, en realidad hasta yo misma lo pensé.
Esa noche, después de la cena elegimos otro juego, en esta ocasión el póker, Eric ganó a mi marido al ajedrez pero ahora era Fernando quien no perdía ni una sola partida. Yo les acompañé con la lectura de aquel libro que cada vez se ponía más interesante. Al llegar al árbol genealógico de los Pomeroy me detuve en un nombre: Margaret.
Recordé las iniciales del espejo y cepillo de plata que hay en mi tocador ;“M.P.”
- Eric ¿Quién era Margaret Pomeroy?
- No la llegué a conocer pero era la tía de mi abuela.
- ¿Vivió aquí mucho tiempo?
- Bueno verás. Nació y murió aquí. Mi abuela me contó que Margaret fue hecha prisionera en las mazmorras del castillo, por su propia hermana, y que la dejaron morir de hambre lentamente.
Pero no quiero asustaros. Entended que eran otros tiempos y las costumbres…
- Claro, claro, no te preocupes. Tu no tienes por qué disculparte - le interrumpí -
Aquella noche cuando me fui a la cama no cerré los ojos, tenía la esperanza de volver a ver esa luz. Y así fue, Fernando ya dormía. Me acerqué a la ventana y en medio de la penumbra de una pequeña farola, caminaba la dama de blanco, sin rumbo, sin compañía, como un alma en pena. Desperté a mi marido pero cuando se acercó a la ventana, ella desapareció, se esfumó de repente.
- Te prometo que estaba allí. ¿Será el fantasma de Margaret?
- Anda cariño, estarías soñando, vuelve a la cama.
Entendí que no se ocultaba ante mí y que miraba el que había sido su cuarto en vida, pero descubrí que si alguien más la miraba, ella desaparecía. Siempre pensé que ver un fantasma me daría miedo, por lo que me sorprendí a mi misma con la reacción que tuve. Las noches siguientes, con mucha templanza esperaba que anocheciera y corriendo un poco la cortina miraba a aquella misteriosa mujer.
La última mañana amaneció muy soleada y Eric nos propuso ir de picnic a casa de unos familiares. Compartían otro castillo a las afueras de Edimburgo y las vistas eran espectaculares. Ya habíamos recorrido todos los museos de Londres, todas las catedrales, el Bing Ben, nos adentramos en Escocia y en sus Highlands. Turísticamente hablando habíamos exprimido todo Londres y parte de Escocia, cosa que ya superaba todas nuestras expectativas iniciales.
El cansancio hacía mella en todos, y en la última velada después de cernar nos fuimos a la habitación sin partidas de juegos ni sesiones de lectura. A la mañana siguiente nuestro vuelo saldría bastante temprano y debíamos madrugar.
Algo me despertó, el ruido de unas piedrecitas al tocar con los cristales de la habitación.
- Fernando ¿Oyes eso?
- Si, me acaba de despertar.
- Shhh no te muevas de la cama, tú sólo observa pero no te muevas.
Hacía luna llena. Me acerqué a la ventana, miré hacia abajo y vi la farola encendida pero no a la joven dama. Miré alrededor y la descubrí sentada en una piedra, me miraba pero no distinguí su rostro. Se levantó, cogió la farola y empezó a caminar de espaldas a mí, como siempre.
-¡Margaret! – grité a pleno pulmón-
Ella se paró pero no giró su cuerpo.
-Margaret Pomeroy - volví a decir- ¿Eres tú?
Entonces se giró, levantó la farola hacia la ventana y pude ver bien su rostro sonreir. Era muy guapa, de tez blanca y ojos negros. Así se mantuvo durante minutos que me parecieron horas. Quería bajar, pero el moverme y dejar de verla me daba miedo, más que el hecho en si de tenerla enfrente mirándome.
Mi marido se levantó y se puso a mi lado, fue entonces cuando ella bajó la farola y siguió su camino.
Tanto Fernando como yo acordamos no comentar lo sucedido. No queríamos sembrar el miedo sobre Eric. Nada malo podía pasarle, aquella sonrisa liberó mis preocupaciones al respecto.
Un inofensivo fantasma salía todas las noches de las mazmorras del castillo, para deambular con la luna por los jardines, liberándose del sufrimiento de sus últimos días de vida.

Texto agregado el 09-07-2006, y leído por 178 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2006-08-26 18:28:36 Espléndido relato... estoy feliz leyéndote. Lo mejor fue haber sentido frío en los brazos, y eso, pa mi, te hace grande. ednushka
2006-08-18 18:57:22 Este cuento crece detrás de cada palabra, como crece en mí al leerlo esa sensación que da el disfrutar de algo bien hecho. Excelente. 5* blasleon
2006-08-11 23:44:54 Estoy de acuerdo que la historia ha sido atrapante, misterioso, placentera de viajar por esos bellos lugares llenos de encantos y espectaculares. Felicidades velo
2006-08-05 21:00:28 Tengo mi forma de pensar y mi forma de ser, pero este relato me ha hecho pensar mucho. Ahora, como obra, es una joya. Te felicito, amiga. Lluvia de estrella siguen cayendo... bohemio5
2006-07-30 18:54:19 historia que atrapa al lector desde el principio, no se , creo tien esa velocidad vertiginosa que te cautiva hasta el final. anggelbueno
2006-07-29 19:59:59 Que historia tan bien contada, me gustó mucho! Buenas descripciones, en especial los detalles, y relatado en forma tan natural que el fantasma también lo parece. 5 estrellas* loretopaz
2006-07-29 19:06:05 Claraluz, estupendo cuento que se regocija en dosificar un misterio agradable. Como siempre, te felicito. peco
2006-07-15 20:20:45 Fascinante historia. Muy bien relatada y muy amena de ir leyendo. ¡Mis felicitaciones! alfildama
2006-07-15 16:00:08 Me encantan las historias de fantasmas. Sobre todo con un final tan bello. Precioso. Un beso :* isa-bell
2006-07-14 10:32:11 Estupenda historia......uh, uh, uh, que en lugar de miedo da gustito..... Enhorabuena Alejandro_1 007
2006-07-12 20:28:46 Cenial "mi niña"!!! Te dejo mis *s anyglo
2006-07-12 19:24:13 Magnífica historia. Has escrito una narración impecable. Las descripciones y diálogos se hacen amenos y van introduciendo al lector en la trama de la historia. Me ha gustado esa Margaret Pomeroy Fantasma asomándose al matrimonio. Estrellas y un abrazo Shou
2006-07-12 17:41:01 Excelente historia, su narración fluida y natural la hacen entretenida. Felicitaciones y van mis 5* jorval
2006-07-12 17:23:03 ¿Quién dijo que los fantasmas tienen que dar miedo? Además, si está en su casa tiene todo el derecho del mundo a pasear por ahí, ¿no? Magnífico tu cuento. Felicidades y como siempre, 5 estrellas. jau
2006-07-10 23:21:55 que bien narrado...no te niego estuve un poco nerviosa..a mi los fantasmas me ponene de nervios..jejej y aunque jure y perjure que no existen no dejan de ponerme nerviosa...ah pero que hermoso significado de tu cuento al hacerla aparecer...un fantasma que murio encerrada...pasea libre por las calles...es muy lindo...me gustò mucho luzyalegria
2006-07-10 23:02:16 Es toda la narración verosimil, de principio a fin. Relatas con lujo de detalles y sin estridencias una historia que parece sacada de la realidad, De lectura fácil y suave, femenina como la protagonista. Se respira en toda ella elegancia. Un abrazo.***** graju
2006-07-10 12:45:50 Gran texto y con lujosos detalles. Narración impecable. Buena historia. Felicidades ***** Un saludo de SOL-O-LUNA
2006-07-10 00:14:36 Castillo con fantasma y todo. Interesante historia bien narrada. joaqledo1
 
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