Sentía la brisa diurna que llegaba del jardín. Su alcoba estaba en el segundo piso, desde állí se tiene una extensa vista de toda la colonia donde vive. Se pueden mirar los portones de la entrada y el gigantesco tanque de agua que alimenta a los inquilinos.
Aún estaba somnolineto. El rumor de un ruido indescifrable terminó por despertarlo. Con lentitud se apoyó en los codos y quedó sentado en el camastro. De súbito sintió como si un temblor atacara su vivienda. Será el sueño, pensó y arrellanándose se tapó la cara y bajó los párpados hinchados. Anoche se había desvelado hasta tarde viendo la película de "Lo que el viento se llevó", tenía mucho, mucho sueño.
Se sintió un segudno temblor. Me vale un penique lo que pase aquí, ha de ser me alocada imaginación, se dijo a si mismo, e intentó dormirse. Lo que no sabía, ni sospechaba, era que aquellos temblores no eran inverosímiles; los foquitos que adornaban el árbol que estaba hincado en el suelo confirmaban ese presagio abyecto; un reloj de parede se cayó y as agujas fueron a dar bajo el camastro, no había dudas: algo pernicioso sucedía en la casa de FederikoErnandesKalabria.
Se vino un temblor último. ¡No, no era un temblor, era una tremenda bola de acero golpeando las paredes enjalbegadas de su casa!. Todo se colapsó.
Federiko terminó bajo un montón de escombros.
Intentó ponerse de pie. No pudo. Una lápida de cemento le aplastaba el cuerpo. Quiso decir Sáquenme de aqui, estoy atrapado, acaban de tirar mi casa, idiotas, que no se dan cuenta, sáquenme, váyanse a la goma, eso es váyanse a la goma, esperen, están derribando una casa con una persona dentro, no sean idiotas, hey, amigos teténganse; pero no, una bombilla azarosa sobrevivió al derrumbe y él tenía lo boca llena de vacío y cristal; intentó escupir la bolbilla, no pudo.
Los improbables deseos de salir de su casa y mentarles la madre a los colapsadores de casas no se dieron. Estaba muerto, con sabe dios cuántos kilos de cemento encima, y una bombilla eléctrica tapándole cualquier palabra, cualquier sílaba, cualquier letra. Ya nisiquiera pudo leer la leyenda "Gonzalez y hmns. S.A.", la compañía de máquinas que derrumbó su casa. En el moneto de los temblores no quiso mirar por la ventana, tenía sueño, por que anoche se había desvelado viendo en la televisión Lo que el viento se llevó. |