Echar
de menos
es la parte
donde
reside
mucho más,
aunque
también
mucho menos.
El gesto
de mirada
limpia
con síndrome
de estar siempre
juntos.
Y más
con nostalgia
y menos
recuerdos
en laberintos
de horas
que sólo
conducen
a ti.
Echar de menos
es la voluntad
no cumplida,
la complicidad
con el tiempo,
que no con las horas
y no con la distancia,
que sí con la nostalgia
con sabor a ausencia.
Echar de menos
es más
que un pensamiento
dirigido,
es la estrategia
de cómo
y porque sí,
con mucho mas
deseo
y poca piel,
la huella
inequívoca
del paso
de amor.
El echar de menos
es empujar
a un mar
de besos
mullidos
por intenciones,
de caricias
con escalofríos
por la conciencia
de saber
que mi finitud
acaba
donde
tú empiezas.
Y empiezo
a caminar
porque
te echo
de menos
a un mundo
de margaritas
impares
donde todo
te nombra
con la cordura
de echarte
de menos.
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