No puedo dejar de mirarla, verla. Esa lata me tiene atrapado.
No debo quitarle la vista de encima, sé que algo terrible se esconde en ese cilindro de hierro y papel, y si parpadeo o me voy saldrá para atacarme.
Sigo.
No sé si pueda más.
Los ojos rojos casi se rinden, pero insisto.
Un esfuerzo más.
Otro.
Ya ni respiro, el temor es más fuerte.
Casi cierro los ojos...
casi...
casi...
así...
sí...
y...
No. No era esa lata.
Pero en algún lugar está.
|