Van ha encontrar los fuegos apagados,
voy a matar mis falsas esperanzas,
así cuando lleguen ni un sueño estara en pie.
Y en ese acto observo...
¡Se roban el mundo de Atlas!,
y que los dioses lloren la perdida celeste,
que se arrodillen delante de sus tronos,
que sus indecibles males ronden por los templos,
que vean como su mundo es vendido.
Baco ¿estas ahí?,
¿puedo jugar con tu historia?,
bebí,
desee,
destruí,
reviví... entre sabanas reviví,
pero la mortaja ya envuelve mi descanso.
¡Oh dioses!,
¿se acabo el destino olímpico?.
Caigo frente a Tebas,
caigo en una fuente de marmol,
caigo y el agua es mi sangre.
¿Dónde llevan al mundo?...
¿Quién sostendra ahora nuestras viejas esperanzas? |