Mitad del siglo XXI. El planetita Tierra, gélido en su blancura, gime en sus entrañas y rompe la secreta sonoridad del Universo.
El Poder se ha concentrado. Las repúblicas son del pasado. Monarquías se reparten cuotas de poder y alli se perpetúan.
En una ciudad del Hemisferio Sur anochece pero modernísimos aviones la iluminan desde lo alto. Llegan varios monarcas y los servicios de inteligencia tienen estudiado el terreno y poseen el control milímetro tras milímetro.
Mujeres, hombres y niños observan por televisión el encuentro cumbre y la fiesta. Los monarcas con sus coronitas, su bastones de mando y largas estolas: símbolos del poder, de la verdad, la bendición y el perdón.
Un seco silencio corre por el Hemisferio sur, a pesar de la gritería exaltada. El Poder absoluto es totalitario y cruel, destruye los lazos sociales, y los seres humanos quedan solitarios, sin reconocerse. Siempre hay armas cercas para la defensa. Así como sentar que los individuos constituyan el motor de toda vida común, conduce a que el zorro se coma a los debiles y a los buenos. Eso termina en la tiranía despiadada del lucro... Esclavitud. Quizás por eso gimen las entrañas del planetita. Tendencias contrapuestas de una mundo que no logra el equilibrio. |