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Inicio / Cuenteros Locales / Paulocho / Fábula del Corral

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FABULA DEL CORRAL


Había una vez un rebaño de ovejas al que pastoreaba un anciano solitario entre enormes pliegues de montañas y valles aislados. Un corral de piedras al medio del valle formaba un círculo gris oscuro entre los verdosos pastos salpicados del blanquear del ganado.
Antes del brote mañanero del sol salía el pastor de su rancho para abrirles la puerta del corral a las ovejas. Las encaminaba a los pastizales nuevos cada mañana y cada ocaso las recogía del campo para encerrarlas y así mantenerlas a salvo de las fieras por la noche. Las dóciles ovejas seguían al pastor como si fuesen un sólo cuerpo blanco y fluvial, cada mañana y cada tarde. Cada oveja siguiendo empecinadamente a otra y la otra a una siguiente, sin perder su cohesión de grupo sea cual fueren las condiciones del camino o del potrero.
Cierto día, al pastor lo ganó la muerte. Al madrugar el alba, la claridad halló inerte su cuerpo pastoril. No alcanzó el hombre a liberar las ovejas y los animales quedaron encerrados en el corral de piedra sin esperanza alguna que alguien pudiese aparecer por allí, dado que el anciano pastor era un ermitaño olvidado. Aquel fatal día fue sucedido de otro día normal, a no ser por el desesperante encierro que padecían las ovejas. Pasaron varios días y algunas ovejas comenzaron a sentir los alcances bravos de la muerte, que se comenzó a manifestar a través de sus emisarios quienes trajeron el deterioro físico y el padecimiento de la sed, el hambre y la angustia. Una minoría de ovejas, aún deambulaban por el corral, buscando una salida persistentemente en los mismos muros y sus mismas grietas, una y otra vez, en círculos desquiciados. Los pobres animales llegando a sus últimos momentos, rumiaban por reflejo, sin rumen; deshidratadas y enfermas, las ovejas comenzaban a morir.
Una noche, la tierra se sacudió por un ligero temblor en sus entrañas por lo que se desprendió una roca de la ladera del cerro, rodando por la ladera hasta estrellarse con el muro de piedra del corral, abriendo un agujero de tamaño suficiente para que una oveja pudiese salir. Uno de los animales de los que buscaba sin pausa una salida descubrió el agujero y se acercó con cautela a explorarlo. Inmediatamente se dio cuenta que podía salir y dando un brinco atravesó el hueco y se encontró en el potrero. Una vez afuera, la oveja libre no volvió atrás y se alejó brincando de felicidad, sin pensar ni por un momento en la pestilencia y amargura que había superado de un salto. Pronto encontró agua y pasto tierno y se olvidó del corral de piedra. Una segunda oveja que se había percatado del salto que dio la primera a través del agujero, se acercó a observarlo y al descubrir que podía saltar y ser libre, no vaciló un instante y así lo hizo, olvidándose enseguida de su triste prisión. Corrió entonces libremente por la pradera hasta que encontró agua y pasto tierno y a otra oveja pastando, de tal forma que también se olvidó completamente de los amargos y difíciles días de prisión en el corral de piedras. Y así ocurrió también con una tercera oveja que había observado a la anterior y luego con una cuarta que estaba observando a la tercera y con una quinta oveja que vio como la cuarta oveja saltaba hacia la pradera a través del agujero en el muro. En poco tiempo, las ovejas, una tras otra, iban descubrieron la salida hacia la libertad, y el corral fue quedando vacío. Incluso las enfermas, las agónicas, las moribundas, se fueron dando cuenta que si saltaban por aquel agujero serían libres de nuevo, y así lo hicieron, empleando en ello todas sus fuerzas. Un día de febrero cuando el sol estaba en el cenit, la última oveja abandonó el pestilente corral de un brinco y se hizo libre.



Moraleja:

Tu ejemplo de vida enseña más que tus palabras.

Texto agregado el 23-07-2006, y leído por 62 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2006-11-12 19:10:40 Maravilloso, y dicen que las ovejas son tontas, nada más parecido al hombre, hoermosa fabula***** cafayate
 
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