Era todavía un niño cuando descubrió que el amor, cuando florece, se recoge, se aprieta y se reduce, hasta convertirse en una minúscula gota, la más pura esencia de sí mismo.
Creció, se convirtió en un hombre. Y se enamoró. Entonces, se sintió pequeño, ínfimo. Pero antes de reducirse, compartió el secreto con su amada. Estaban unidos todavía cuando la noche los envolvió y cayeron sobre el pasto como gotas de rocío.
La luz del nuevo día los encontró protegidos de los rayos solares por la sombra de un árbol. Cuando llegó el mediodía, el sol cayó sobre ellos con toda la fuerza de su hora vertical. Y partieron, luz en la luz, hacia el espacio ilimitado, convertidos en un instante sin principio ni fin. |