Dos espejos frente a frente
blasfeman inexistencias.
Todos los mundos de la nada
son infinizados por sus rostros
profundos,
pero planos.
Cualquier objeto que aterrice
en el pasillo que forman,
es arrastrado, absorbido
por las ilusiones que proyectan
-el mareo constante resulta difícil de ignorar-
Una mano conmueve el paraíso de cristal
quebrando la silueta pasajera
de uno de los universos fijos.
Toda la euforia estática queda dispersa.
La espesura que desencadenan
dos espejos:
uno frente al otro,
es la misma que si dos rostros
se miraran frente a frente:
todo lo que ahí es atrapado
es una inexistencia que solo es creada
al interior de cada universo personal
-ese es el verdadero origen-
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