El martes 13 de mi diario
Te busqué físicamente, ya no en mis sueños y alucines como lo vengo haciendo a diario. Y no te encontré; caí en el transcurso de tu búsqueda y me abrí entre la mano y la muñeca con una cortada en diagonal como la que no me he atrevido a hacer por mis propias fuerzas, fue sin querer, sin embargo, había deseado tanto que pasara que no me inmuté en lo más mínimo.
No sabes lo nervioso que estaba de camino a ti. Me sudaban las manos que te acariciaron alguna vez y que se mueren por reanudar esa sacra y privilegiada acción.
Sentía como si mis entrañas se inmiscuyeran entre sí formando una especie de materia orgánica fecal (casi como tú me clasificas), y al fin llegando a mi anhelado destino para verte, parecía que se derretían y sinceramente tenía ganas de desecharlos como inmundicia. Tenía que hacerlo para tranquilizarme, pero eso no era posible.
Creo que no podía caminar muy bien y por eso me caí... pero pensaba tan desesperadamente en qué iba a hacer al verte de nuevo, que no tenía ni el tiempo ni las ganas de poner atención a mi estado físico-exterior. No te encontré y sentí alivio y tristeza, decepción más que nada ¡deseaba tanto verte de nuevo! a lo mejor hubiera sido un error de mi parte forzarte a verme, dudo que lo quisieras hacer, y en todo caso, de haberse realizado lo que tramaba, creo que tu corazón se hubiera dedicado a injuriar sobre mí. Y no lo culpo por hacerlo.
Así termina mi día de hoy, buscándote en un intento de rima que pueda dormir con todas las palabras. Después de dos intentos -fallidos también- por verte materializada frente a mí; el último con una inscripción gratis de un vidrio sobre mi piel e igualmente mi sangre sobre el desgraciado vidrio, y obviamente con la misma desilusión que me lleve en mi primer intento. Y termino de escribir hoy martes 13 (¿de mala suerte?) después de este intento por desordenar átomos tuyos para verte aparecer un día más. |