En la emocionada lluvia escuché tu voz esta mañana,
tu rostro, besable y acariciable, aparece gentil sobre mi almohada.
Vaya éxtasis, sólo te escucho, tu susurro me inunda,
cuanto extrañaba ahogarme bajo el rose violento de tus labios.
Nos consumimos como velas, el calor me alimenta,
tu cabello, tu aroma, me encuentro confortablemente invadido,
tu presencia oprime mi pecho y el abrazo armoniza nuestro silencio.
Los segundos se hacen eternos, ¿cuando abriré los ojos?
El frío estalla y la imagen primera hiela mis sentidos.
Tu figura, mi deseo, tu cabello, mi remedio, nada...
No estas.
¿Vendrás si cierro los ojos? |