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Inicio / Cuenteros Locales / Claraluz / Corazones de fuego.

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El patio del colegio fue un improvisado refugio, para ti y para mi, ajenos a cualquier clase de problema, era nuestro particular reino donde alimentábamos la inocencia de niños que fuimos. Atesorábamos las más preciadas canicas, yo quería apostarlas con los veteranos del colegio pero tú no estabas dispuesto a asumir el riesgo de perderlas. Era frecuente que en medio de alguna clase nos quedásemos sin luz y era entonces cuando los profesores nos hacían tender sobre el frío suelo de madera y ordenaban que nos tapásemos los oídos. Pero tú y yo desafiando la situación, hacíamos alarde de nuestra gran imaginación y alimentábamos el misterio relatando improvisadas historias de aventuras. Entre risas y juegos coloreábamos el gris de los días.
Tu carcajada victoriosa sonaba a lo lejos cuando un seco y ensordecedor sonido interrumpió nuestra tranquilidad, haciéndonos saltar por el aire sin control alguno. Cuando pude levanté la mirada y entre polvo y confusión viví el horror. Quise correr pero mis pies no respondían, grité tu nombre y tampoco obtuve respuesta. Escuché algunas sirenas y mucha gente desconocida corriendo alrededor. El viejo señor que vivía frente al colegio, en la casa de la esquina, se acercó y me llevó en brazos envuelto en una húmeda toalla. Fue entonces cuando te vi, tendido en el suelo y descalzo, tu ropa estaba totalmente quemada, tus brazos abiertos y las piernas mutiladas. Mi reloj se paró en aquel instante, el tuyo dejaba de funcionar.
Tenía mucho frío y los párpados me pesaban, cerré los ojos y escuché una voz desconocida y entrecortada que con pronunciada impotencia y resignación se alzaba en grito;- ¿Quién pudo ser tan ciego para matar una mariposa? -
Lo siguiente que recuerdo fue al despertar, lo hacía en los cálidos brazos de mi madre. Ella lloraba y una lágrima llegó hasta mi mejilla, aunque cuando sus ojos se encontraron con los míos, sonrió y me llenó de besos.
Ha llovido mucho desde entonces, muchos de nosotros hemos forjado corazones de fuego capaces de perdonar, fieles a la libertad y esperanza, pero hay cosas que siguen sin cambiar y hoy amenazan nuevos horrores. Aquel ruido se ha ido muriendo con el tiempo, como nuestra historia se quedó en el ayer, y aunque tú no has vuelto si lo ha hecho ese nauseabundo olor a sangre y el frío de la soledad. Ahora que soy testigo de situaciones similares, me oprime una dolorosa impotencia y me hago la misma pregunta.
¿Quién puede ser tan ciego…?
¿Por qué?

Texto agregado el 14-08-2006, y leído por 247 visitantes. (23 votos)


Lectores Opinan
2006-10-02 03:24:37 Todavía me hago la misma pregunta. ¿Quien puede ser tan ciego? Pero yo tengo la esperanza que algún día todo sea distinto. Tenemos que unirnos en contra de esta ridiculez, de todo lo que sea violencia, de todo acto de terror. Le pido al Eterno que meta su mano y haga contacto con el perverso, de modo que éste, tenga temor y la consiencia sea despertada. Excelente trabajo. Un abrazo, Nélida. ********** bohemio5
2006-09-27 22:27:27 Una historia muy intensa, que se repite a diario, de diversas maneras... siempre con el mismo olor a sangre. Muy buen texto, con un gran contenido para meditar. Mil etsrellas. aveazul
2006-09-02 00:57:15 lA IMPRUDENCIA AL CONDUCIR, LA AMISTAD , EL AMOR DE MADRE, LA INOCENCIA DE LA NIÑEZ, YLOS RECUERDOS.tODO EN UN SOLO TEXTO, FELICITACIONES. marsolesca
2006-09-01 23:07:24 Muy buena historia... me ha gustado leerla y me ha dejado en el clima reflexivo... gracias velo
2006-08-31 03:35:14 Buena historia, impactante+++++ crazymouse
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