La mañana me recibió en sus brazos con un sabor metálico en la boca, serán las dagas del olvido? serán los fríos pasos de aquella que se aleja?
El metal mantiene mis sentidos dislocados, desbocados, y la pregunta me asalta reflexivamente si el olvido es de terceros o sólo existe en primera persona.
Me lavo la cara y busco despertar de este rito que es casi inhumano, despidiendome de letras, imágenes y memorias.
El sabor a metal pasa lánguido después del agua que ya recorrió mi piel. |