LA REINA DE LAS RANAS
Dedicado a un ángel Marimar.
En un lugar entre las nubes flotaba un espejo que hacia replica de los paisajes que miraba debajo de el, parecía el bordado de una abuela en sus rodillas.
Sobre la nubespejo, las montaña y los arroyos se reían y todos eran felices rodando o jugando en los valles y montañas, donde escalaban sus alturas para hacer cascadas y desfiladeros, desde donde caía precipitadamente una madeja de platagua fresca, para alimentar a las nubes y formar lluvia. La cascada cantaba entre los verdes pinos y el engarce de rocas tapizadas de musgo fértil, oloroso a nube y humedad, dejando todo empapado con fino polvo de plata, haciendo de los alrededores azogue para deslumbrar las vistas de los habitantes de dicho lugar, donde Vivian entre otros, un orfeón armónico con el croar de ranas verdes y brillantes que al ritmo del palpitar de su vida, nos deleitaba con sus tonos bajos, mientras un grillo aserraba un rayo de luna, los insectos tocaban con su saxofón alegre, y la chicharra, según ella daba un solo que apagaba todos los sonidos, también las aves con sus trinos eran el asombro de la orquesta por la cantidad de instrumentos en tan pequeña garganta, una noche la luna visito la cascada como nocturnamente lo hacia, para peinarse sus redes de luz en el espejo y así ponerse aretes de roció, la cascada cristalina se vio esa noche de luna con suerte, ya que regalada con la visita de la dama del quinqué nocturno, recibió de ella un tremolo efluvio de magia, la cual la convirtió en una fuente con ranas verdes brillantes como de porcelana cantadoras de alegría.
Debajo de la nubespejo una niña solitaria cuidando sus ovejas tocaba su flauta de caña, tenia tristeza en sus tonos, porque se sentía sola, así que sus lamentos, estaban haciendo el milagro de conmover a su madrina la Dama del cielo, quien la invito con sus trenzas de luz a seguirla, endulzándole con ese lácteo velo el camino hacia el espejonube, la niña seguía tocando, adormecida por el encanto de sus notas y seguida por su rebaño de ovejas, subió por la escala maravillosa de luz hasta llegar a la fuente, donde al verse reflejada en ese lago del cielo, ella fue hechizada por el ojo del ópalo flotante del cielo, quien enamorándose de los tonos de oro de esa flauta de caña y la belleza de la niña, vio su alma y noto sobre ella una diadema de estrellas, la niña venia de un mundo de seres angelicales que entre neblinas se ocultaban para cuidar de ella, así fue que entro al cristal de la fuente y por el encantamiento de la fascinadora, recobro la pequeña, su reino siendo de nuevo la reina de las ranas, la que tocaría siempre el concierto a la belleza de la vida, así nació, y fue feliz la Reina de las ranas, la que siempre las protegerá con sus arpegios de caña de oro.
¡Ah¡ se me olvidaba que las ovejas confundidas entre las nubes, se pusieron a pastar centellas y se hicieron blancas compañeras de los veleros celestes.
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