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Inicio / Cuenteros Locales / gatelgto / ENEDINA

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ENEDINA

Enedina sintió su sombra junto a ella. Se miraron y caminaron en la soledad de sus atrases, de sus recuerdos, de sus sueños, de su imaginación. Llegaron hasta el pozo del pueblo que con el tiempo se seco y ahora sólo escucha las quejas y los reproches de las mujeres.

También ella, Enedina, le cuenta sus pensamientos, porque sabe que el pozo los amasa y los guarda en los rincones de su vacío.

Me gusta oír tu pena le susurra él afónico.

Estoy harto de la cantaleta de esas viejas del pueblo que me insultan por no tener ya agua pero ellas y nada más ellas tienen la culpa. Dios las castigó y les secó los ojos para que dejaran de salpicarlo con sus lagrimosas súplicas, siempre pidiendo, como si el señor estuviera solo para oír sus quejas y reproches y rechinidos de oración: que si el escuincle se me está muriendo de hambre...Que si mi viejo me pega y ya no quiere conmigo porque se vá con la zafada del pueblo...Que si la cosecha se fregó porque no hubo agua o cayó demasiada. Total, que no entienden que a machetazos y no a lagrimasos hay que abrir la vida.

Y así el pozo siguió hablando y contando vidas ajenas.

Enedina se dejaba llevar por ese rumor de agua olvidada que le recorría la vida y fué haciendo un claustro con su vientre abultado.

Se levantó la falda por atrás y se cubrió con ella hasta quedar como un caracol en su concha en cuya bóveda resonaba el eco de dos corazones.

El producto, pequeño injerto de Santiago el tartamudo, temblaba con los reflejos de luz que sentía como filos de navaja mientras su madre, Enedina, le cantaba todo el día para calmarle las ansias de nacer.

Ella no lo dejaría salir al mundo porque sabía que el niño era ciego y sordo. Se lo había contado un sueño cuando Santiago el tartamudo la poseyó dejándola tapada de recuerdos.


Fue en el campo. Ella era virgen cubierta de tierra y ahora sólo le quedaban los surcos del recuerdo.

El me prometió una casita y dos o tres cosas más pero no me dio nada y nada me importó más que el beso que de repente me puso en la boca. Yo temblé, se me bajaron las enaguas y quedé desnuda frente a él. Parecía una flor de campo deshojándome y luciendo mis pudores que siempre habían estado en lo oscuro. sentí que me rezaba el cuerpo con algo húmedo y entonces mis olores me bajaron y con ellos nos envolvimos los dos.

Fue cuando supimos que nada podría detenernos porque todo tenía que suceder.

No me arrepiento de nada sentí rete bonito cuando fue desnudándome con su mirada.

Me conoció cosas y me las enseñó platicándomelas con su mirada que metió en toditos mis adentros. Me tocó y giré en redondo y el también giró de gozo. Después, como que me quedé dormida para siempre y ahora confundo el sueño de Santiago el tartamudo con el hipo de este hijo que siento adentro.

Yo sé que el niño ya se hizo un nido con las cosas que fue juntando.

Un día tomó un rayo de luz. Otro, un grito de afuera, y un amanecer de domingo, al pasar unas ovejas rezándole a Dios, mi niño, con sus manitas, les tomó sus oraciones para mullir con ellas su nido y quedo cubierto con una telaraña azul de balar de borrego. Ya más después, el día de su santo, con la cuerda de un cohete que tronó en el cielo se amarró a mí para quedarse siempre adentro.

Si supiera mi pobre niño que será sordo, ciego y a lo mejor o a lo peor, también en el caminar tartamudo.

Andará punteando por la vida.. siempre buscando ruidos debajo de cada cosa. Y las cascadas las conoce sólo porque le revientan en el pecho y se imagina que los ruidos son avalanchas que se caen y son de colores. Y sabe lo que sabe a través de las palmas de mis manos que le comunican todo cuando me palpo los entresijos de mi cuerpo. Todo esto lo sé y lo siento como un remordimiento.

Al tartamudo sí me dan ganas de matarlo y borrar su historia desde antes de conocerlo.

Hasta con las uñas de los pies le cortaría la vida ¡Canijo! Me dejó con su memoria en los ojos... Lo ando oliendo por todos lados. Ahora que... Si lo mato, se me muere el clavito que traigo enterrado.

Qué más que la verdad, sí sentí rete bonito cuando me acuchilló el cuerpo y se me vació para adentro ¿Cómo le haría el tartamudo para rayonearme el alma y clavarme ese pedacito que crece con la paciencia de un campanario?

A partir de ese día siento que los hombres son como moscas tiernas alrededor de mis olores y que el pueblo está lleno de hijos míos porque los gallos me tienen pisoteada.

Cuando camino por la vereda que baja al mercado escucho a los árboles romper el silencio al platicar con el viento mi historia y veo como mi pena escurre por la rendija de otras almas. y como voces ajenas las guardan en los rincones para que de noche griten a los hombres y sepan que a Enedina Campos la rompió un rayo tuerto.

Fue en el campo. Soy virgen cubierta de tierra y ahora sólo me queda el surco del recuerdo y ando hinchada como tortilla caliente con mi clavito adentro.

Los rasguños que tengo son profundos y con el tiempo se me agrietan más, sobretodo cuando hace frío, porque entonces más me acuerdo de aquella noche. Yo a él le lamí la mano para hacerle saber lo del niño. El me miró largo, sostenido y transparente antes de treparme y envolverme como hiedra venenosa, sin saber yo que sería la última vez y creo que él mismo no lo sabía. Por eso me zarandeó tanto. Me llevó y me trajo, se desesperaba como luchando con un animal del que no podía zafarse, para al final, ya sosiego y sudoroso murmurarme al oído: -Ya no tengo nada que decirte- Y se salió para siempre de mí. Se fue en el silencio de la noche, sin voltear para atrás, después de asegurarse de que el injerto que me había dejado en la panza se quedaba bien clavado.

Así se fue. Ahora en mi soledad añoro su jineteo y sus sudores y mas que nada su relincho y ese recuerdo me vuelve húmeda y olorosa y me trae desasosiego.

Tu, hijito mío, tartamudo de pasos, no me pidas nunca que te deje salir a jugar, porque te quedarías congelado del susto nomás de saberte tartamudo. sordo y ciego. Te saldrían lágrimas por todos lados y té salarias para siempre.

Eso sí, brillarías como una estrella que saliéndose del cielo se pierde y se mete por una ventana para quedar clavada en la espina de un rosal. Además, ¿quién te puede querer más que yo? Mi niño, si sales encontrarás mis pechos flojos y secos. esos ya no tienen riego. se les fue la leche el día del susto al saberte con tus defectos.

Mis senos que eran nubarrones prietos cargados de lluvia, se volvieron solo manchones en el cielo. Nada quedó de ellos, sólo unos pezones dormidos que siempre están quietos.

Y tú, ¿qué comerias? Nomás dime, hijo de mi vida. Si tan sólo tuvieras uno o dos defectos, pero tantos juntos, muchacho...

¡Ay, sombra mía! Cómo levantas tierra al caminar.

Antes llevabas la espalda levantada y ahora la tienes doblada en el suelo como si quisieras escarbar un agujero y quedarte adentro. Estás como un pedazo de pellejo seco.

Dime, sombra... ¿Cuándo naciste tú, cachito de muerte? ¿A poco cuando yo salí del pescuezo de mi madre, el día que le cortaron el cuello?

Todavía siento como me parió echándome entre la alharaca de los pájaros que tejían la tarde. Ella rascaba la tierra con los pies y con las manos se golpeaba los pechos. Así me echó al mundo estando ya muerta. Ya no tenia resuello. Y me acuerdo rete bien del susto que me llevé pues estaba sin pelo sin sudor ni saliva y con el polvo los ojos se me hicieron lodo.

Desde ese día me paso la vida jalando de atrás arrugas tambaleantes y recuerdos para guardarlos en mi carreta.

Métete sombra en mí y verás como estoy llena de vetas. Acarícialas para que ya no me duelan, ni los sueños ni las pesadillas que se me forman con las plumas de mi almohada.

Cuando entres, ve a mi estómago y te sentirás a gusto, porque, además del nido con mi niño, estoy rellena de azúcar.

Eso nos pasa a las mujeres cuando de viejas nos ponemos panzonas por ver tantas nubes pintando el cielo.

Los hombres dicen que las viejas lo empalagan de ensueños, pero, ¿que tal se nos meten en la horqueta de los pechos y se nos acomodan entre los pliegues para que los cuidemos cuando se mueren de miedo? .

Sombra, tienes que estar pegadita a mí, pues siempre te me escondes en lo oscuro de la axila porque. me dices que parece un nido calientito y que soy como tu madre cuando la tiniebla te da miedo. Vente conmigo por esta vereda. Vamos a hacerles a mis niños del mundo una bufanda con paciencia de sendero, tu y yo lo caminaremos para cruzar la vida pespunteando cojera con estrellas tartamudas de fuego.

Cuidado, sombra, el viento me trae olor de mujeres y les tengo miedo, no vayan a tronarme la panza para sacarme la fruta de piñata que traigo adentro.

Dime... ¿Porqué siempre me rodean y cantan... -A la víbora víbora de la mar, con palos y piedras vamos a matar a la tartamuda, ciega y sorda del lugar.

Texto agregado el 22-08-2006, y leído por 137 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2006-09-18 00:25:22 Me fascina que seas tus personajes cuando escribes porque te apropias de ellos y les das vida. Mi padrino bello no te olvides de visitarme. joysma
2006-09-17 08:22:56 coincido con uleiru, eres un maestro amigo! Soy_Naixem
2006-09-13 23:15:31 Que narrativa visual y perfumada... bellìsimo :) ***** indianala
2006-09-13 02:00:34 ERES GRANDE, escribes tan bello, que dan deseos de seguir en el escrito, y releerlo.***** Besitos Victoria 6236013
2006-09-12 20:31:08 ME FASCINAS +++++++++++ GEHENA
2006-09-09 18:21:27 Maestro, eso eres. ULEIRU
2006-09-07 00:14:03 Espectacular, que manera de escribir señor!, te dejo un beso y un millon de estrellas. Debbie
2006-09-04 19:45:38 Brillante texto***** Un saludo de SOL-O-LUNA
2006-09-02 16:53:10 Mi querido amigo, estoy segura que esta historia ya te la leí ¿puede ser? no obstante ello me encantó volver a hacerlo porque es genial, es original, es perfecta. Un beso y todas las estrellas. Magda gmmagdalena
2006-08-29 17:47:13 Una maravilla de relato. Imágenes impactantes.***** SorGalim
2006-08-28 15:16:04 Pleno de bellas y dulce imágenes me encanto besos****** lagunita
2006-08-25 15:35:56 ¡Ay, sombra mía! Cómo levantas tierra al caminar. Esta expresión es cautivante***** india
2006-08-25 01:11:45 Leerlo una vez, otra vez y otra vez más y descubrir nuevas palabras que emergen a borbotones envolviéndonos con sus imágenes sensoriales. marimar
2006-08-23 22:23:29 me encanto...como rejuntas las palabras...como suenan...puedo ver a Enedina....la puedo oler y sentir....5* eilahtan
2006-08-22 19:53:19 Enedina sabe a tierra y a letanías de lluvia. maravillas
2006-08-22 17:58:34 Buen relato elocuente de sonidos y letras desde el comienzo hasta el final, mis aplausos***** osgoroisto
 
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