Cabalgando en tu espalda,
voy perdiendo mi camino
en el horizonte de tus cabellos;
busco un lugar en tu mente,
para no dejarte otra cosa en que pensar
sortilegio dulce para ti mujer extraña.
Me enredo en las comisuras de tus confusiones,
y voy construyendo una canción para tus labios mientras lleno de besos tus pensamientos;
y sofoco tu tiempo con mi imagen difusa,
y ya no podrás alejarte mujer extraña.
Voy surcando la niña de tus ojos
intentando descifrar tus porqués;
y deleitandome en tus cómo,
pervirtiendo tus quién,
llevandote siempre a mi
y no pensaras en nadie
que no sea yo,
el invasor de tu mente,
estaras amarrada a mi figura,
a mi figura de quijote agónico;
y ya no te alejaras mujer extraña.
Y ya no querrás irte nunca más,
porque yo soy tu tierra,
el fin de tu camino,
el alma donde reposaras tus huesos;
y ya no te alejaras,
mi mujer extraña. |