Sombras que os alargáis sobre mi vida marchita;
¡Piedad para mi existencia, compasión para mi cuita!
¡Os pido damas de luto, ¡compadeceros de mi!.
Que estoy tendido en un hueco: inerte, frío, y sin vida;
Que estoy perdido en un dédalo y no encuentro la salida;
Que estoy muriendo en silencio y en el abismo caí.
Correr yo siento en mi sangre felices atardeceres,
Estoy soñando mil cosas, envenenado de ayeres,
Pensando en nombres y fechas que solo puedo evocar.
Recuerdos caliginosos desfilan por mi memoria,
Capítulos que describen de mi existencia la historia,
Imágenes mortecinas que no he podido olvidar.
Se caen rendidos de pena mis parpados; y las gotas,
Sabor a sal, que derraman mis numerosas derrotas,
Me queman, caen en el suelo y tienden a desparecer.
Se pierde mi alma en la noche, mi vida misma se pierde;
La gélida y cruel nostalgia con sus colmillos me muerde;
Mi mente febril se turba, a punto de enloquecer.
Meditaciones espurias destruyen mi paz interna,
Recuerdos que me hacen daño se anidan en mi alma eterna;
Añoro las cosas idas… ¡quisiera volver atrás!
Pero eso es algo imposible, no puedo las manecillas
Retroceder del verdugo… del verdugo de los días;
Las horas de ayer, felices, no han de retornar jamás.
Vivir de sueños es bello, pero si al fin se despierta,
La realidad nos recibe siempre con fauces abiertas,
Como demonio dispuesto a devorar el vivir.
Las ascuas de su mirada calcinan mis alegrías,
Sus labios réprobos beben con fruición mis agonías;
Que horrible se me hace todo, lo preferible es morir.
Quisiera abrirme las venas y luego verter mi sangre
En una copa de oro y así con ella embriagarme:
De anhelos irrealizables y de profunda pasión.
Correr por las calles solas sin más compañía que mi alma;
El viento preso en mi puño y en mi memoria la calma,
Que le hace falta a mi triste y lastimado corazón.
Imaginar mil delirios; soñar con la niña bella,
Cuya mirada me hechiza por ser mirar de doncella.
Perder mi vida en sus ojos y mi alma en sus sonreír.
En vano trato de hundir en las aguas del Leteo,
Este pasado que llevo, que idolatro y que deseo
Traer de nuevo al presente, volver de nuevo a vivir.
En raudo giro se mueve el mundo sobre su orbita;
Lo mismo mi pensamiento en este planeta hipócrita,
Se mueve de un lado a otro sin aquietarse jamás.
Sonámbulas concepciones, abortos del pensamiento,
Escenas inolvidables, recuerdos que llevo dentro,
Cadáveres de lo eterno, famélicos de mi paz…
Recuerdos, sueños, historias, pasajes de cosas idas;
Escuela, amores perdidos y mil cosas sucedidas
En esa etapa de ensueño nominada juventud.
El dulce olor de las lilas, la brisa regocijante,
La niña de nieve y oro, de perfume enajenante;
El brillo de su mirada, la gloria de su virtud.
Sus rizos hechos de noche, de destellos seductores;
El púrpura de sus labios, llenos de miel como flores
Que abren al mundo su estuche de fragancias y de amor.
Su risa esta en mi memoria, su cuerpo vive en mis sueños;
Su aliento de primavera, sus blancos dientes pequeños
Siguen viviendo en mi mente… ¡Me hace falta su calor ¡
Volver quisiera al pasado, lleno de dicha y colores,
Donde eufonicas cadencias cantaban temas de amores:
Amores blancos y puros, amores sacros de ayer.
En áureos versos el viento, repite la historia aquella,
Llena de luz y armonía, llena de amor y de ella…
Ella que otorga la vida con su mirar de mujer.
Le escupo el rostro al silencio y su mutismo me aterra;
Después reclino en su seno mi pensamiento. La guerra
Termina por esta noche y me dispongo a dormir.
La mano del sueño blanda, maternal, consoladora,
Se posa sobre mi frente, en esa dulce y bella hora,
Que por su forma de darse es tan igual al morir.
La noche transcurre lenta y un silencio impenetrable,
Con su mutismo sonoro prohíbe al mundo que hable.
¡Nada que turbe el silencio!… ¡Nada que turbe mi paz!
Se van muriendo las horas, del mundo en la evanescencia;
Y yo soñando con ella, de quien detesto la ausencia.
Podrá no estar a mi lado, pero olvidarla… ¡Jamás ¡
Podrán pasar primaveras e inviernos sobre mi vida;
Podrán caerse los cielos sobre mi testa y, perdida
Considerare mi alma, pero olvidarla… ¡Jamás!
Ni aquel ayer que de dicha colmo la existencia mía,
Ni aquel pifano del viento, de tan grata melodía,
Ni aquellos dulces ensueños en la armonía del hogar.
Si yo tuviera el valor de reventarme los huesos,
De lacerarme las venas y matar la muerte a besos;
Lo haría, me cubriría con el sudario final.
Mas vasta es mi cobardía como gigante es el cosmos;
Le tengo miedo a la vida como le temo a la muerte,
Aunque quizás la segunda es el consuelo de todos,
El bálsamo de las almas que escapan de un cuerpo inerte.
CONCLUSION
Ese terrible malestar
De sentirme vivo,
Ese conjuro gutural
De la oquedad de un suspiro;
Ese caer sin llegar,
Ese palpar sin sentir,
Ese vivir sin… ¿vivir?,
Ese simple vegetar,
Ese eterno despertar,
Ese efímero morir,
Tal es la condición
de quien pierde la razón…
Sus sueños se quedan presos
entre camisas de fuerza,
y plasman glaciales besos
que ni odio ni amor de muestran.
Que son sino Dioses locos
Que ansiaron quedarse arriba,
En el éter; guerreros de espuma,
Murallas de polvo que el viento derriba.
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