Padecimiento poco claro el inconsecuente,
como revolver barro,
como limpiar un vidrio trizado.
Es tarde para confesiones trasnochadas,
para esa lagrima de sangre espesa,
para lamentar lo extraviado.
Rinocerontes y elefantes,
grandes bestias llenas de pasto,
pieles gruesas,
vidas largas,
muertes cortas,
abono para fieras al acecho...
Padecimiento justificado.
Es tarde entonces para charlas eternas,
para palabras mayúsculas,
para deseos no natos.
Es tarde para la verborrea y el monólogo de ocasos interminables,
de fuerzas mal gastadas...
de mentes poco claras.
Padecimiento confuso ese.
El viejo perro siempre sabe como morir.
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