La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - MCavalieri - 'Alguna vez, Lucía.'


Alguna vez, Lucía.

Con porlan apareciste. Años hace que esa palabra fue reemplazada por cemento en el vocabulario habitual para ser olvidada como tantos de aquellos modos provincianos. Porque en la ciudad decir porlan es decir pueblo-ignorancia, risa con ironía pendenciera, paisano-despectivo.
Así desaparecieron brea, masita, fli, chuleta, sabe venir. Y así dejé cierto cantito de campo a fuerza de empeño por ser otro, por escaparle a un pasado siniestro de hambre y dolor.
Recién ahí te fuiste muriendo. No antes.
Pero hoy no sé dónde leí porlan y el piso de tu rancho -con vos, claro- desgarró el resguardo de alucinaciones que había creado. Y tus trenzas mugrientas cruzaron una vez más el aire de mi cara en aquella voltereta feliz ante el festejo de no más piso de tierra, Pablo. Pensé, no ahora, antes -ahora nos veo demasiado miserables-, pensé que eras hermosa y te lo hubiera dicho si tu padre no asomaba con un vaso de vino y brindis por el progreso.
Un vino distinto del que tomaba Ibáñez cuando le dijeron la Lucía está con fiebre dotor por qué no se pega una vueltita y que consideró más importante que vos cuando sostuvo no es nada, que se tome un par de aspirinas.
Sin embargo antes de todo eso yo te había visto hermosa y lo callé creyendo que ibas a durar, porque cómo cede alguien -que nada tiene- la sombra de una duda ante el futuro, cómo la juventud se permite siquiera fantasear con una ausencia.
Eras, Lucía, el único deseo que no debía resignar. No sé si había conciencia en esa espera o sólo aceptación de algo que sucede: en la distancia creo que nos pertenecíamos del mismo modo que nos pertenecían la orfandad y la pobreza. Por eso creamos una especie de boleto hacia un mañana más decente, más merecido, sin saber que paríamos sueños híbridos.
Hasta que Ibáñez dijo no es nada refiriéndose a muchas cosas más que la fiebre: nosotros no éramos nada.
Y cuando el delirio te ahogó la memoria los demás flotamos a tu alrededor en esa nada absurda, conjurando artificios de rosarios de plástico y manos callosas, esperando un asombro que nunca terminó de atravesar la ficción.
Después en la ciudad como en cualquier otra parte, lejos del por favor dotor que se nos va, lejos de velas que se apagan y tierra removida; los demonios ocultos en una mueca irónica y vos, escrupulosamente olvidada.
Pero hoy apareciste con porlan y la amargura me avisa que siempre estuviste ahí, alerta a tu parte del viaje, a lo que te correspondía por derecho de infortunio.
Al final, muda e invencible lograste tu venganza: un perdurar sereno, paciente, irrevocable.


Texto de MCavalieri agregado el 03-09-2006.
La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net